Las empresas se estuvieron yendo por docena de la cotización, en nuestro mercado bursátil, y lo mejor que tenemos para enfrentar la tendencia y darla vuelta es... un «Decreto 677», donde aparece la obligación de que las firmas integren directores independientes -no vinculados al accionista de control-más un «comité de auditoría».
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Nuestro diario le realizó un pequeño reportaje, el jueves pasado, a un socio de la consultora KPMG -el señor Alberto Shuster-recabando opinión acerca de estas normas sancionadas. Con buen criterio, el entrevistado remarca que «esto tendría pleno efecto sobre un mercado fuerte y amplio... Pero, si el mercado de capitales lo único que produce son empresas que se van de la Bolsa, no va a tener un impacto significativo». Esto último sería el mal menor, ampliamos -en nuestra opinión-lo declarado por el entrevistado, porque se nos ocurre que esto, lo único que hará, es acelerar la huida de las pocas que quedan cotizando. Al parecer, esto tomaría también a las que emitieron «ON», con lo cual, el desparramo será para alquilar balcones...»
Totalmente fuera de tiempo, careciendo absolutamente del llamado «sentido de la oportunidad», en nuestro medio estas cuestiones pasan continuamente. En la prosperidad nadie retoca nada, nadie regula, nadie ajusta, nadie pone límites, se deja que todo siga el curso. ¡Cuando se está en crisis, aparecen las ideas para... energizar la crisis!
Resulta que las famosas normas sobre «transparencia», nunca se establecieron con un mercado moviendo «$ 50 millones diarios, sino que aparecen donde la plaza local reúne cifras paupérrimas de negocios y casi ningún peso proviene del escenario local. Para empresas cotizando y pagando gastos, afrontando los mayores obstáculos que significa mantener toda el cúmulo de información al día con la Bolsa, y que no tienen posibilidad de ningún financiamiento por vía de una línea tan seca como está la bursátil: ¿qué regulación le quieren hacer cumplir? A pesar de los muchos desvíos y estafas que se han perpetrado, desde muchos grupos de control, casi habría que pedirles perdón a los que están cotizando sus papeles en nuestros paneles locales.
Todas normas, ningún incentivo, una fuente seca y donde no se extrae una moneda, es un seguro destino de acentuar la tendencia a la deserción bursátil de cotizantes. Se puede invocar aquello de «la defensa del pequeño inversor...», pero es que éste ya es un fantasma del viejo pasado -cuando había que defenderlo-y casi no queda nadie por defender en nuestro escenario. Lo sentimos por los bien intencionados, también por los que encargan estudios para mejorar al mercado bursátil, pero la falta del vital elemento -el inversor-no se puede solucionar con estudios, ni con reglas. Sin inversor no hay capital, sin capital no hay Bolsa...
Dejá tu comentario