Se acumulan las «malarias», acorralando al diezmado y casi inerte mercadito argentino. En los medios hay un rosario de negativas, que se enhebran una a una y formando un vallado para cualquier intención de repunte. Solamente el aguante está en la mira, como ese par de ruedas después del reinicio de Wall Street y donde los toros y osos de nuestro escenario se corrían, como amigos, corrigiendo unos a otros en cuanto se iban de largo con algún porcentaje. En Estados Unidos el desplome inicial, la acumulación de presiones por los días no operados, el principio nacionalista que priva en ellos y que es capaz de salir a sostener la plaza: aunque más no sea, para mostrarle al mundo quiénes son los más lindos y los más fuertes...
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Greenspan que envió las dosis que quedaban, inyectando más dinero barato y como nunca desde los primeros tiempos de 1993. Solamente a 3% está ahora la tasa, imitando Europa la rebaja y en actitud desesperada para que los activos de riesgo se mantengan y no caigan en una implosión, como las trágicas Torres Gemelas. Lo muy probable es que Estados Unidos se repliegue sobre sí, a la manera de esas flores que se cierran con el atardecer y para reabrir con el sol (justamente, les llaman «rayitos de sol») y esto haga que su maltrecha economía y su principio recesivo reviertan en favor de un cierre de ingresos y todo el campo orégano, para sus productores y empresarios. Lo que será bueno para ellos, pero muy malo para el resto del mundo y que -probablemente-genere un principio de nacionalismo en las principales economías. Y de todo esto siempre salen cobrando la paliza los más pobres (como nosotros) y los más comprometidos (como nosotros) y también los más endeudados (como, otra vez, nosotros).
Otros temas, muy graves para lo interno, quedan como en un segundo plano ante la inminencia del ataque de Estados Unidos a sus supuestos culpables. Por caso, un título del martes en Ambito Financiero decía: «Grave; bajó 9% producción de la Argentina en dos meses». Adentro, la nota incorporando un gráfico patético. Era el titulado como «38 meses de recesión» y lo que nos recuerda a todos aquellos analistas que --burdamente-decían que esto era menos grave que el tequila. ¿Dónde están ahora? Muy fácil, se los ve dando opiniones renovadas por todos los medios, como siempre. Aquí se pueden decir las estupideces más grandes del mundo, que nadie le pasará factura y en este asunto de nuestro problema hay muchos que estaban para incinerarse profesionalmente: pero zafaron y vuelven al ataque. Con 38 meses de recesión y con el mundo resquebrajado, no es muy lindo el horizonte que se observa.A un Cavallo diciendo que debemos arreglarnos solos se le podría preguntar, simplemente... ¿cómo?
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