15 de marzo 2002 - 00:00

Cupones Bursátiles

Oíamos al gobierno anunciando que no se detendrían las emisiones de falsas monedas (porque los bonos, en la realidad, son moneda paralela aunque no se la llame por su nombre. Pero, se anota entre los escapismos argentinos y bien puede afirmarse que por este camino, quizá nos muramos de «una cruel enfermedad»). De inmediato, la reafirmación de esto, con Felipe Solá diciendo a los cuatro vientos que Buenos Aires emitirá -fuerte-una tanda de los fastidiosos patacones. Que se hicieron fastidiosos, porque pudieron pasar la prueba de circulación y aceptación como medio de pago, dejando a partir de ello un ancho camino que todas las provincias fueron transitando con sus propias emisiones. No se los liquidó de chiquitos, ahora que son grandes patotean fiero. Mientras, el habitante de la Capital está aguardando su propio estreno: un bonito (bonito, por lo de bono, no por lo de lindo...) que lleva el original nombre de Porteño, así como Gardel era «el zorzal criollo» y Maradona «el Diego». Y así... un aluvión de creativos, trabajando a full para funcionarios de todo el país y cada uno proponiendo bautizos novedosos, ideas marketineras para inyectar nuevas medidas, o diseñar un moderno estilo «cortina de hierro» para dependencias de un Congreso que está cansado de aguantar en la trinchera que le cascoteen el techo, mientras los jerarcas no se dan por enterados.

Cada vez se ensucia más el «mix» del circulante, donde los devaluados y compungidos pesos originales parecen un dólar: la lado de esos ensayos de dinero que se multiplican. Y el dólar, a su vez, está en otra dimensión y es una moneda inconmensurable con un triste peso argentino.

¿Cómo se llegará a conseguir algo del Fondo, o de otros países, cuando el indio está en una punta de la sala y Duhalde-Lenicov se arrinconan en la otra? Es un misterio total, especialmente al surgir como en un desafío el hecho de anunciar esas emisiones de papeles provinciales, cuando se estaba solicitando otra cosa. Mientras, cualquiera que ha estado retirando dinero de los «cajeros» -y que tenga cierta edad, más de 40- habrá visto la remake de una película de otras épocas, sumamente inflacionarias. En aquellos tiempos, décadas del '70 y '80, lo que daba la señal acerca del ritmo de emisiones era la velocidad de aparición de dinero grande, nuevecito, flamante. Y es lo que hace que resulte la evidencia de estar dándole a la «maquinita» del curso legal, como si fueran pasteles. Obvio, lo niegan en dimensiones altas, pero no es casualidad que se hallen con mucha frecuencia billetes de 100 pesos relucientes, recién salidos del horno, y con repetición en las semanas. Que a una terrible recesión, le ataque una inflación, es para que la expresión de la depresión deje de utilizarse para lo económico y califique lo social: el deterioro de ver que por este cachivache seamos lo que somos...


Te puede interesar