7 de noviembre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Otro encontronazo entre Ministerio de Economía y el Banco Central, esta vez con la Bolsa en el medio, los bancos fallidos, por los flancos, y una lucha de intereses... por detrás. Apelaciones del tipo «los bancos pueden caer en manos de cualquiera», no parecen tener mucho peso favorable si se repasan los traspasos de entidades de estos años, donde no se licitaron entre «cualquiera», pero al adjudicarlo a «fulano» no se concretaron logros brillantes. Baste mencionar la trilogía Patricios-Medefín-Mayo, para advertir que aquello que se arrastraba por la historia económica como «raza de banqueros», cayó en default frente a muchos titulares de entidades que cometieron los más peligrosos y groseros desvíos. Claro, a favor de nuestros risibles castigos, la posibilidad de acceder a algo tan delicado como la banca resultaba un juego de mover dinero a voluntad, crear los «tubos» con préstamos a sociedades vinculadas, o dirigiendo créditos a grupos manifiestamente dudosos, en cuanto a la devolución en forma de los mismos.

El descrédito en que ha caída el sector hace imposible sostener que únicamente estarán en buenas manos entidades a las que se debe reflotar, en la medida que lo capturen otros participantes del juego bancario.

Además, el riesgo de crear concentraciones, parece estar más a la mano en una mesa limitada a unos pocos elegidos, que a un amplio espectro de postulantes. Pero, el trasfondo de todo esto es que si un organismo dice «blanco», en muchas ocasiones el otro dice «negro» y cuestiona abiertamente al primero. En estas condiciones, a ojos del mundo, notar que con lo delicado de nuestra situación las entidades que deben funcionar como un relojito, concatenados, armoniosos, están en lucha frontal: es escasa imagen para pretender que desde afuera -y desde adentro- crean en firmas de «acuerdos» y esas cosas...

Es como suponer que un organismo rector, como la CNV, alguna vez vaya a hacer algo en defensa de inversores, o de la salud del sistema bursátil. Lo último cuestionado -y bien cuestionado- pasó por las entidades que hacen al devenir de los negocios -Bolsa y Mercado- o por la actitud férrea de grupos de accionistas minoritarios (como ante el asunto Garovaglio) que viendo que no hay nadie que vigile, o regle, nada: toman su propia defensa.


Una propuesta reciente, de entidad bancaria líder, que pretendía una «suscripción» absolutamente arbitraria (a libro cerrado, respecto de balances que hace rato no se presentan, con consentimiento del Banco Central) y no solamente proponiendo un canje antojadizo (¿quién juzga cuántas acciones de una sociedad, deben corresponder sobre la otra que se fusiona? Los dueños).


Sino, peor todavía, donde se reservaba el grupo de control el cubrir su porción con «papeluchos» de deuda. (Mientras los minoritarios debían asumir lo suyo con el pellejo). Esa suscripción se frenó, oportunamente, pero por otras vías...

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