6 de diciembre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

La escala de valores, seguirá tan puesta de cabeza abajo, como en muchos ejemplos lo hemos ido viendo. Quizás, el verdadero causal de tantos males y que se pretenden creer remediados porque un dólar esté más bajo, la Bolsa para arriba, o las tasas tranquilas. Esa escala de valores tiene nuevas muestras de estar hecha un revoltijo, para peor desde esferas que tienen poder sobre la sociedad y que están viviendo como en un microclima propio, dejándose ganar mucho más por la soberbia, la displicencia, antes que por la humildad. Y que llevan estadísticas comparativas tan originales como la que ha estrenado públicamente el ministro Lavagna que puede dejar pensando bastante rato. No por felices disquisiciones sino por aterradoras comparaciones y un ignorar absolutamente cuáles son los derechos que deben respetarse. O, si se los debe vulnerar, al menos tener el recato de hacerlo pidiendo el debido «perdón», a los perjudicados. No, Lavagna destila en esa nota toda la gama de los que ya están dando las últimas clases del curso de «iluminado». O de resultar «el elegido», algo que ya habíamos visto con mucha asiduidad, pero que -ante la gravedad de hechos en estos tiempos- podíamos suponer como erradicados. Por varios medios, además, salió a dispersar que «cuando yo no estoy, aprovechan para intentar desestabilizar...» (o términos por el estilo). En ese reportaje se refirió de lleno a las versiones sobre «dolarización», el costo de la misma, etc., etc...

Su particular ecuación, manejando la hipótesis de que se produjera un fallo así, alude a: «los pasivos de las empresas crecerán a unos 34.000 millones de pesos. Es decir, 8,5% del PBI, etc...». Los pasivos de las empresas son exactamente eso. Cada una sabrá porqué los contrajo, porqué arribó a situación donde debe aparecer un
Robin Hood, en salvataje. Podemos nombrar varias empresas, que no están con el corazón en la boca por sus deudas. Se llaman: bien administradas. Cautelosas. Sabedoras de la fragilidad que han tenido siempre ciertas políticas. Y en base a experiencias del pasado, emplearon la estrategia de: mantenerse sanas. Pero, parece ponerse sumamente hostil, ante la posibilidad de que le devuelva a la gente lo que era suyo. Entonces, saca cuentas sobre el plan Jefas y jefes de hogar, sobre el superávit del Estado, para rematar con una frase absolutamente irritante, para quienes solamente reclaman por lo que legalmente les pertenecía: «Todo, para beneficiar a 400.000 personas...». Es sencillo inferir que el gran plan económico, debe pasar porque esas 400.000 personas financien al resto de la comunidad. No dice «lamentablemente», no insinúa disculpas, menciona que es: «para beneficiar a 400.000 personas». Esas son las cosas que suceden cuando ciertos gobernantes quieren hacer de dioses, reemplazando ellos a la justicia humana, determinando quiénes ganan, quiénes pierden, qué leyes se verán abolidas, cambiadas, retorcidas. Porque lo deciden. Mientras puedan...

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