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Posiblemente, Nielsen posea el «medidor de justicia», un instrumento tan novedoso como utilizar el término «amparista» (por los que buscan amparos) que no figura en ninguna parte. Reforzando dichos de Lavagna, sobre los casi insolentes que reclaman a los bancos por el dinero que allí depositaron, Nielsen remarcó que: «Los amparistas no pueden pretender quedar indemnes en esta situación, no pueden pretender resarcimiento ignorando lo que ocurrió...». ¿Y qué es lo que ocurrió, señor funcionario? Sería bueno que se explicara, de manera coherente y desde que la famosa convertibilidad gozaba de términos elogiosos, con los encajes más altos del mundo, qué pasó a partir de allí: para caer en el más vergonzoso acto de default público y privado. De decir con total caradurismo: «señores, la plata no está. Se fue. Vinieron los esquimales y se la llevaron, sin que nadie los viera. Sin que nadie notara cómo se descalzaba todo el sistema». Está equivocado Nielsen, se lo decimos humildemente, si usted da por obvio que todos saben qué es lo que verdaderamente ocurrió y que -en virtud de ello- deben renunciar a sus legítimos derechos: los está estafando por partida doble. No les quieren dar lo que les pertenece y los quiere compensar con un bono que no tiene fondos: el de una historia jamás sabida. El foro elegido para las nuevas creaciones de Nielsen resultó el que daba comienzo a un nuevo centro, con nombre singular «Para la Estabilidad Financiera» (CEF). Y entre los fundadores aparece Daniel Marx (que algo podría aportar para conocer esa historia sin fin...).


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