10 de diciembre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Bonita página, la que se escribe entre funcionarios del Banco Central y el Ministerio de Economía, junto con aquellos otros focos de poder que quieren meter mano en las relaciones y -como es habitual en nuestro país- consiguen un chocolate más espeso. ¿Cómo reaccionarán a esto los que componen el señor «Mercado»? En próximas ediciones se irá viendo, aunque en la misma fecha donde corriera la renuncia ofrecida por el titular del Central, la Bolsa siguió su rumbo como si estuviera oyendo llover. Posiblemente, se jugará con la graduación de las charreteras, después de todo, mencionará el que todo lo recicla para bien: «hay una línea menos en la chaqueta de un presidente de Banco Central, que en un ministro de Economía...». Algo así, como el ácido Ambrose Bierce definía en su impagable -y muy copiado- «Diccionario del Diablo». Cabo: «Hombre que ocupa el último peldaño en la escalera militar. Cuando un cabo muere en combate, el golpe es menor».

En tanto, hay más novedades para el diccionario argentino de definiciones insólitas. En tal caso, se está distinguiendo el funcionario Guillermo Nielsen, últimamente. Parece que le agrada lanzar alguna frase que desacomode a los medios de información, como para que la usen de cabeza de nota. Y esta vez acuñó el barbarismo de solicitar que: «No se caiga en un exceso de justicia» (?).

Posiblemente, Nielsen posea el «medidor de justicia», un instrumento tan novedoso como utilizar el término «amparista» (por los que buscan amparos) que no figura en ninguna parte. Reforzando dichos de Lavagna, sobre los casi insolentes que reclaman a los bancos por el dinero que allí depositaron, Nielsen remarcó que: «Los amparistas no pueden pretender quedar indemnes en esta situación, no pueden pretender resarcimiento ignorando lo que ocurrió...». ¿Y qué es lo que ocurrió, señor funcionario? Sería bueno que se explicara, de manera coherente y desde que la famosa convertibilidad gozaba de términos elogiosos, con los encajes más altos del mundo, qué pasó a partir de allí: para caer en el más vergonzoso acto de default público y privado. De decir con total caradurismo: «señores, la plata no está. Se fue. Vinieron los esquimales y se la llevaron, sin que nadie los viera. Sin que nadie notara cómo se descalzaba todo el sistema». Está equivocado Nielsen, se lo decimos humildemente, si usted da por obvio que todos saben
qué es lo que verdaderamente ocurrió y que -en virtud de ello- deben renunciar a sus legítimos derechos: los está estafando por partida doble. No les quieren dar lo que les pertenece y los quiere compensar con un bono que no tiene fondos: el de una historia jamás sabida. El foro elegido para las nuevas creaciones de Nielsen resultó el que daba comienzo a un nuevo centro, con nombre singular «Para la Estabilidad Financiera» (CEF). Y entre los fundadores aparece Daniel Marx (que algo podría aportar para conocer esa historia sin fin...).

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