Cupones bursátiles
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Todo lo del primer cupón no es apartarse de lo bursátil, es Bolsa pura. Es tratar de ordenar la realidad presente y utilizarla, para tratar de indagar el porvenir inmediato. Es, sin rodeos, lo que se debe llamar «especulación»: avizorar el futuro, desde el hoy, para llegar a cierta conclusión antes de efectuar operaciones. Y si el mundo no ayuda -porque tiene por delante una guerra temible y, por los flancos, una recesión que está en los cálculos de todo foro económico- y lo interno es un descalabro, con bombas de tiempo incluidas, solamente el muy corto plazo queda como admisible para el mercado de riesgo.
Aquello de sacar partido de una información que pueda generar cierto entusiasmo puntual (como el aumento de tarifas, luego congelado, sobre las de «servicios»), o montarse sobre un movimiento que se advierta, de algún inversor institucional. La nota, imperdible, de Carlos Pagni -el «Ambito» del miércoles, en contratapa- sobre el nuevo modo de hacer negocio sobre las ruinas de un país, es casi como ver la cara de Satanás aleccionando gente para que armen «partiditos» y después -como pasaba en la zona de oro de Internet- vendérselos a otros, por cargos o por dinero, en simulacros de «alianzas» prostituidas desde el origen. A esto se dedica una buena parte de los que se dicen «personas políticas», mientras los trepadores encaramados serán los que le hagan mercado, para comprarles el negocito. A tales manos va derecho el país, lo que queda, a caer. «Hagan plaza»: no hay tomador...




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