Y ahora... se nos va Siderca. Cada vez que una de las líderes tradicionales de nuestro mercado salió de las cotizaciones -o por voluntad, o por fallida-, esta columna le dedicó unos «cupones», como «in memoriam»...
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Se podrá decir que es puro sentimentalismo, que no importa el pasado sino lo que venga en adelante, en una palabra: a Siderca muerta, Tenaris puesta... y punto.
Es posible que ese tipo de razonamiento práctico, tenga coincidencia con la época. La pregunta sería, entonces, si es que todos los que apoyan ese tipo de practicismo -sin emociones, ni sentimientos-están conformes con la época que se ha forjado. Nosotros no lo estamos, y de allí que rescatemos ciertos rasgos que están casi perdidos en el bochinche de la comunicación global, la información saturante, la prisa para todo, la necesidad del «tiempo real» (aunque, después, muchos no sepan qué conclusión sacar, con todo los que los tapa diariamente. Unicamente parecen satisfechos con estar al tanto de todo... y «en tiempo real»). Creemos que al irse Siderca se va otro pedazo de nuestra Bolsa, que está hecha flecos desde que pasó todo el show de inicios de los '90 y cuando la «Argentina en venta» movía mucho, con las facilidades de tranquera abierta que para todo se daba. Una vez el plato lleno, debidamente digerido, los que vinieron se volvieron a ir y lo que nos quedó: es una caricatura de un mercado bursátil nacional. Si alguno cree que esto es querer montarse en esa insólita ola «nacionalista» (que han desatado los mismos políticos que antes «globalizaban» y tildaban de antiguos y atrasados, a los que veían en ello un peligro a cierto plazo), pues convendría que revisen «cupones» de los '90 y ver la posición asumida, frente a esa dispersión bursátil que se iniciaba. A efectos prácticos, se podrá argüir que se va Siderca y queda Tenaris -más pomposa, integrada por tres sociedades inter-nacionales-: pero, es que Siderca era uno de los pocos papeles «insignia» que nos quedaba (inclusive, estuvo siempre alejada de Nueva York). Era la hija de aquella Dalmine del viejo recinto, la que vimos ir haciéndose cada vez más potente y sólida. Era la que nos daba algo de orgullo, al saber que se inscribía entre las principales empresas del mundo en tubos sin costura y que exportaba -desde hace mucho-80% de lo suyo, no solamente petróleo y agroindustria. Hoy está diluida en Tenaris, que es más del mundo que de nosotros. Que reside en Luxemburgo y no en Campana. Y que es sólo una pata más, de una mesa de tres, perdiendo la posibilidad de tener una líder individual. Así como lo de Pérez Companc, es un modo concreto de haberse ido de la Bolsa local, un mercado abandonado desde adentro y que ha pasado a ser casi ignorado por el ciudadano común: solamente es un juego institucional, con un «piso» operativo raleado de agentes y de público. Un día de estos haremos la lista de nuestras líderes rectoras, hasta los '80, y ver en qué han terminado cada una de ellas. Será fascinante.
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