De aquí al 17 de marzo (para colmo, en la juerga quinielera a ese número se lo denomina «la desgracia». ¿Lo sabrá Bush?) será cuestión de ver soldados velando armas en un punto definido del mundo, pero con inversores de todos los tamaños «velando capitales», en cualquier rincón donde exista un mercado. Difícil la partida, ¿qué hacer ante lo que se avecina? La prudencia indica abstenerse, estar «líquido», o en una alternativa de oro, pero la temeridad es lo que mejor le queda al hombre de los mercados de riesgo. De cualquier forma, se puede tomar a la inversión por la cabeza o por los pies, en la posición del alcista (bull) o del bajista (bear). Lo que podría dejarse como primera conclusión es que deberán quedar marcadas líneas altisonantes en los gráficos. La duración, el siempre importante factor tiempo, jugará su papel en todo esto. Si se inicia la guerra y por cualquier conducto se asiste a un final rápido, los efectos deberían ser de cierta erupción positiva, como dejando grabada la sensación del triunfalismo (en el Dow) o de un gran alivio (en Bolsas europeas).
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Si el conflicto se enmaraña, se hace sorpresivo en sus derivaciones, y ello conduce a una prolongación del mismo, la volatilidad estará a la orden de cada día, captando lo que se sepa de esta situación. Si por algún momento de lucidez, y humanidad, Estados Unidos decidiera levantar el asedio y volverse sin disparar un tiro, le faltaría quien pague el costo de semejante esfuerzo, recaería esto en una economía que está haciendo agua y que, de paso, se llevaría la carga de todo un gasto militar inocuo. (Una posibilidad, al parecer, casi descartada por cualquier operador pesado del mundo.) Seamos, por un instante, crédulos en ese aspecto: que todo podría llegar a detenerse como en las películas, justo unos segundos antes de que la bomba estalle. Vendría detrás la otra bomba, la del déficit de Estados Unidos, la «factura» por semejantes gastos y las estimaciones de todo tipo de analistas acerca de su impacto. Estamos, por supuesto, tratando de desmenuzar este grave suceso desde la cruda óptica del capital, sin sentimientos ni emociones. Lo mismo que estará sucediendo con miles de consultores que barajan hipótesis y cargan de datos sus computadoras para establecer en qué posible «patrón» se hallará el mercado global (no sólo acciones, sino también commodities, comercio mundial, inversiones de renta fija) después de ese fatídico día 17 de marzo de 2003... Lo que suceda antes parecerá solamente un juego para entretener los nervios, aunque apto para los que decidan hacer uso de la rama temeraria y fijar posición definida buscando ganar mucho, en poco tiempo, si sale como se lo ha estimado. Lo único que no puede estar sopesado es si la contienda se escapa de las manos en su tamaño y propagación. Allí estaríamos en la dimensión desconocida, pero -para el caso- no importará mucho en qué inversión se esté. Ni que recaudos se han tomado. Recemos, eso sí. Informate más
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