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Después del último traspié, cuando el bochornoso espectáculo en la cumbre del poder, de volver a perforar sus tan luchados 700 del Merval, la plaza estaba como un vidrio roto. Bajando con volumen, viniendo de «ejercicios de opciones» que siempre causan fatiga, al tercer día comenzó a juntar los vidrios. Nadie sabía si esto podía perdurar ni siquiera la rueda del día siguiente. Esa rueda se había podido pasar sin más daños y jugando al tácito acuerdo de una oferta no queriendo seguir tirando de la goma. Porque el «vendedor inteligente» sabe también que llega un punto donde juega contra su propio dinero, si es que ayuda a seguir bajando con 100 y todavía tiene 1.000 para colocar. Esto puso un tapón. Informate más
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