16 de septiembre 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Parece que el desquite de muchos es hacerse a la idea de que «a nuestros pies cae rendido un león...». Hay un evidente afán de ganarle al otro, antes que de revisar cuáles son las consecuencias prácticas de lo hecho, si es que se cambia mucho, poquito, o nada, el escenario que prevalecía. Antes que esto, el asunto es agigantar una gestión del tipo cruzada católica, dejando de lado que la intervención del país tan mal visto y criticado en nuestro medio resultó lo crucial para empalmar las cuestiones. Al menos, nadie se encargó de desmentir esto, esa suerte de orden de Bush a la gente del Fondo para que hicieran la vista gorda una vez más y terminara la comedia. Bien, fenómeno, estamos contentos porque «le ganaron al Fondo». Ahora, hay que empezar a hacer bien las cuentas para cumplir lo acordado, y es lo que veíamos de más potencialmente valioso de ese acuerdo precario: que, de una buena vez, se mezcle una casta de buenos administradores y capaces de ponerles freno a los vuelos de políticos, que han hecho fracasar muchos de los planes económicos, bien diseñados, pero saboteados.

Lavagna, porque algo tenía que decir, al menos un «bocadillo» en esa conferencia de prensa, nos pasó como una hazaña el hecho de no aumentar el endeudamiento, como si le hubieran ofrecido un montón de plata fresca. Vamos, ministro...
 
Pero por allí ya se deslizó otro triunfo entre los logros que se querían puntualizar, y que hará reiterar errores de administración. Que los bancos públicos no sean privatizados como si no existiera una postura intermedia, mucho más sensata, y que no se sondea. La Bolsa misma podría arrimar el proyecto, de integrar a sus paneles las acciones de esos bancos. Que se fraccionen y licite públicamente una minoría, conversando el control oficial, para que actúen como sociedades anónimas transparentes y auditadas por la propia opinión de accionistas minoritarios en el capital. Balances puntuales, trimestrales, deben informar de hechos trascendentes, buscando una cotización en plaza y -de paso- haciéndose de capital de esa venta para renovar sus energías. ¿Qué tiene de malo?

Al contrario; sería colocar a la luz de todos entidades que pertenecen al Estado, sobre las cuales siempre se han tejido las mayores dudas acerca de su manejo. Es el día de hoy que nadie sabe, a ciencia cierta, en qué condiciones están. El asunto es que todo se lo pasa por blanco y negro, o todo nacionalizado o todo privatizado. Y hubo privatizaciones que estaban originalmente -como YPF-mucho mejor diseñadas de lo que después terminaron. Porque se pasó por encima de lo escrito en los pliegos iniciales, generando desvíos indeseados. Ninguna sociedad precisa tener 100% del capital en manos del grupo de control para mantener la soberanía de sus dueños originales y las políticas por implementar. Pero por algo nadie niega que las empresas verdaderamente transparentes son las que están en oferta pública, bajo la mira de todos. ¿O no?

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