Cupones bursátiles
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Un programa financiero que no alcanza, pero tranquiliza los ánimos
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Otra grieta en la economía: los números razonables de la macro conviven con altos niveles de morosidad crediticia
Pero por allí ya se deslizó otro triunfo entre los logros que se querían puntualizar, y que hará reiterar errores de administración. Que los bancos públicos no sean privatizados como si no existiera una postura intermedia, mucho más sensata, y que no se sondea. La Bolsa misma podría arrimar el proyecto, de integrar a sus paneles las acciones de esos bancos. Que se fraccionen y licite públicamente una minoría, conversando el control oficial, para que actúen como sociedades anónimas transparentes y auditadas por la propia opinión de accionistas minoritarios en el capital. Balances puntuales, trimestrales, deben informar de hechos trascendentes, buscando una cotización en plaza y -de paso- haciéndose de capital de esa venta para renovar sus energías. ¿Qué tiene de malo?
Al contrario; sería colocar a la luz de todos entidades que pertenecen al Estado, sobre las cuales siempre se han tejido las mayores dudas acerca de su manejo. Es el día de hoy que nadie sabe, a ciencia cierta, en qué condiciones están. El asunto es que todo se lo pasa por blanco y negro, o todo nacionalizado o todo privatizado. Y hubo privatizaciones que estaban originalmente -como YPF-mucho mejor diseñadas de lo que después terminaron. Porque se pasó por encima de lo escrito en los pliegos iniciales, generando desvíos indeseados. Ninguna sociedad precisa tener 100% del capital en manos del grupo de control para mantener la soberanía de sus dueños originales y las políticas por implementar. Pero por algo nadie niega que las empresas verdaderamente transparentes son las que están en oferta pública, bajo la mira de todos. ¿O no?



