27 de enero 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Veníamos recabando alguna información acerca de si había movimientos en lo que se llamaba el «chiquitaje» en la jerga del mercado, y habíamosle comentado al lector acerca de Fondos de Renta Variable: que estarían rechazando importantes cantidades de pretendida inversión. A esto se sumó un comentario, que nos merece fe, sobre que existían señales sobre que gente común quería salir de «plazos fijos» para pasarse a la Bolsa. La disparidad de rendimientos es tan grande -en esta curiosa relación que se ha planteado-y la tentación también lo es, que bien podría ser así. Pero en esos momentos nos acordamos de una sabia reflexión que un bolsista veterano nos había dejada marcada a fuego, al hacer los primeros palotes nuestros (a inicios de los '70). Y que, con el correr de los ciclos, lo fuimos comprobando. Muy simple la figura, solamente nos explicaba: «Mirá, tenés que ser observador y fijarte bien. Cuando te des cuenta de que en un boom la Bolsa llega a los barrios, se terminó todo. Allí está la última línea de los compradores, después de ellos no hay más nadie...». No creímos nunca que en este ciclo -a diferencia de todos los otros, hasta el de 1991/'92- se hubiera sentido calor popular. Ni comprobamos aquellos de que la Bolsa hubiera llegado a los barrios. Ni el panadero, o el verdulero, preguntaban por acciones (como hemos visto tantas veces antes) ni siquiera muchos amigos, o familiares, se preocupaban mucho por el tema.

En cambio, esa mención a gente pasando de «plazo fijo», nos trajo otra imagen y que -también-vimos otras veces: en cuanto el mercado parece querer succionar capital del sector financiero popular, sugestivamente, los movimientos alcistas fuertes han recibido un soberano cachetazo. No debe olvidarse, por otra parte, que del modo en que se entrelazan las inversiones -con los bancos detrás de las entidades vinculadas a la bursátil-casi se produce un «conflicto de intereses», en cada madeja que se arme cuando la Bolsa entra en erupción y seduce a gente que coloca con renta baja, o sin alternativas.

Cuando la crisis del '29 en Estados Unidos -la Gran Crisis, con mayúsculas-inmediatamente surgió una importante faceta en la regulación preventiva: la banca debía ser de inversión, o tradicional, pero entidades separadas. Posteriormente, todo volvió a englobarse y ya nada en el mundo está en segmentos separados: sino que es una gran cadena, comunicada íntimamente. Pero el asunto es otro ahora -sin entrar a la historia-y es que este quiebre y con ciertas aristas tan puntiagudas, no visto desde hace bastante -con ese volumen-seguramente creará como un dique de contención a otros que ya estaban eufóricos para cambiar de inversión. Y aparecen las carátulas sobre «la timba» y otras yerbas, típicas de cuando al sistema le llega el mensaje etéreo de: «no jodan, che...».


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