Las apuestas fuertes, al límite, continúan siendo política de nuestros gobernantes. Ya con la posibilidad de que se emitan órdenes de «embargo», se trasunta tranquilidad en el sentido de: igual, no hay bienes del Estado expuestos. Un peligroso caminar por el alambre y una buena sugerencia de Aznar, respecto de tratar de negociar ahora, porque a partir de cierto punto «el tiempo les juega en contra». Las apuestas son sólo eso, y debe saberse que pueden salir bien o mal. En general, preocupación no se vislumbra, ni siquiera en los que no tienen que ver con el gobierno y que observan en silencio. En medio de estas novedades de una visita a España que nuevamente fue bien «muñequeada» por el departamento de marketing con que el oficialismo difunde lo que se ha recogido en cada gira, habrá que creer que a nuestros enviados solamente les llueven elogios y promesas de inversiones. Sin embargo, y casi solamente a través de Ambito Financiero, se pudieron conocer otros entretelones acerca de esas muy directas advertencias del titular español. En tanto, el regocijo de decir que una sociedad española -con pleno interés en el petróleo que extrae aquí- habrá de realizar inversiones: ¿y quién dejaría de hacerlas, en sector como ése? No se perciben inquietudes populares por todo lo que se está nublando, aunque ciertas señales quedaron reflejadas en el termómetro del bolsillo: un dólar más inquieto, una Bolsa que ya no pudo sacarse de encima las oleadas vendedoras, de manera suficiente y holgada. Los sucesos sobre un porvenir más difuso sobre la tasa de interés que determina la Fed y ese barullo enorme que produjo en los mercados del mundo nos traen también una muestra gratis de lo que pudiera ocurrir en mercados que les muestran la cara feliz a las exportaciones argentinas. Exportando sólo una cuarta parte, o menos, en productos manufacturados industriales, el resto pasa por vivir de «commodities». Y los mercados donde se cotizan no dejan de resultar una inversión de riesgo, como lo es de apostar sobre futuro. La turbulencia de finales de enero en las acciones locales, mezclada sobre la última semana con los altibajos de afuera, puede también estar dando una idea acerca de luces amarillas que tanto pueden ir a «verdes» como a «rojas». La Bolsa pudo haber querido mostrar nada más que una corrección intrínseca, por excesos de aumentos, pero también pudo estar advirtiendo de tiempos más complicados y sobre los que conviene estar alerta. En el mundo no todos parecen estar tan complacidos con las realizaciones argentinas y, si alientan por un crecimiento mayor, es porque quieren cobrar en términos razonables. Quizá, llegue la hora de comprobar que no se puede andar estafando a inversores alegremente, como se ha estafado a los locales individuales con los «cepos» bancarios. Y todo esto, la «gran apuesta» va arribando a tener que develarse en los resultados. Nos quedamos con esa advertencia de Aznar sobre un «tiempo que les corre en contra». En tal caso, es el tiempo que nos corre en contra, a todos.
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