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En tal tipo de decisiones clave, hay que cruzar los dedos para que el «iluminado» no se equivoque y que no esté en un período conflictuado o con el hígado inflamado. Y si esto ya en el terriblemente competitivo e integrado mundo moderno, puede ser letal, imaginemos en la conducción de una nación, que no posee margen para el error en casi ninguna de las materias. A diferencia de las empresas, los que deben manejar el interés común, a lo sumo, dejan la función pública, vuelven al cobijo de sus actividades particulares, y que se arreglen los que vienen atrás, o la ciudadanía en general. Pero la teoría del « iluminado» -una raza que se ha ido extinguiendo-sigue prevaleciendo y sin que los que pueden exijan que se tracen planes y estrategias; se trata de avanzar en el día por día.
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