«Cuando parten no saben adónde van y cuando llegan no saben dónde están...», ante cada nueva intentona de medidas, más razón le damos a Winston Churchill. Que se pueda estar analizando recaudar más de un impuesto a la transacción de acciones ingresa en el terreno de la torpeza. No lo vamos a dar por hecho hasta que lo veamos oficializado, aunque solamente con el enunciado basta para advertir de qué manera se procura recrear tejidos que consigan forjar un mercado de capitales desaparecido hace tiempo. Ellos parecen no saberlo. Hace falta que alguno les advierta lo inútil de querer succionar en una fuente que está seca desde hace tiempo. La plaza accionaria, que debía abrir mayo haciéndose cargo de tales versiones, pareció querer acusar el impacto. Y cuando se llegó a cierto punto de mínima, debajo de 1.050, se reincorporó de golpe y culminó la rueda casi neutra.
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Menos mal que esto cayó en una tendencia que ya venía filtrada por demás, con un abril donde se habían recortado precios en 10%. Si tomaba a la plaza en enero, se podía haber armado un zafarrancho como en cada zona de la historia donde algún funcionario «iluminado» quiso solucionar lo suyo poniendo vallas en el mercado público.
En lugar de buscar por las de capital cerrado, como para incentivarlas a concurrir a la oferta pública y tenerlas en una vidriera, se implementan normas que puedan diezmar del todo la escasa base inversora que se pudo retener en estos años. Y quitándoles la posibilidad de utilizar esa oferta pública para poder financiarse sin costo, captar algo del ahorro público ante la escasez del crédito. Justamente cuando están por debutar algunas sociedades que bien les harán a los paneles, raleados de productos interesantes. ¿ Conviene ir hacia una Bolsa donde se vaya adelgazando más la base negociada? Una pregunta que se estarán haciendo las que vienen a tratar de colocar suscripciones iniciales y hacerse de capital. • Al tiempo que se saca partido de una crisis de energía, para encubrir un postergado aumento tarifario de los servicios y que la gente no se queje. Con un sistema de premios y castigos que tiene perfiles insólitos al fijarse una base común de consumos no penalizados, tomando por igual a los inmuebles de cualquier dimensión, se acelera el viaje a un país de tres décadas atrás y que hace reverdecer el apetito por darle una mordida a cuanto activo se cruce por el camino. En el ambiente bursátil, la reacción del lunes no estuvo acorde con aquello que se menea amenazante, que puede ser precursor de mayores intentonas futuras. Después de todo, qué mayor símbolo del capitalismo que una Bolsa, habrán leído por allí. Y en su escenario están los «temidos especuladores». Se dirá que la especie fue desmentida, que no aparecerán con esas medidas. Lo mejor que puede hacerse es estar con la guardia alta.
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