1 de octubre 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

La rueda del martes es para darle un hilván a estos cupones, pareció salir a contestar de modo contundente que el rebaje del volumen había resultado una cuestión puramente casual. Desde una base comprimida en $ 34 millones, a otra de $ 80 millones, media un abismo, que fue cruzado en un solo paso. Pero, en punto a diferencias del día, no debe dejarse pasar que lo conseguido no fue mucho para tanta energía en juego. El 1,7% y con un Merval que culminó en 1.112, después de tocar los 1.140 puntos, imponen de otra aparición potente: la de la oferta. También desde allí hubo respuesta contundente, la posibilidad de una falta de papel, de una crisis de oferta, solamente será temporal. Y hubo mucho ruido en el cruce del miércoles, desde una acción de Grupo Galicia que superó los 14 millones de pesos de nominales, como hacía bastante no se veía. Y a tal nivel es espectacular esa marca, que los catorce millones nominales -esto es, como si fueran acciones a $ 1 cada una representaron más de una rueda completa, con todas las participantes, que no hacían, en efectivo, lo que la plaza del Galicia realizó en nominales.

Otro mundo, no. Otro escenario, tampoco. Otra Bolsa, sí. En tanto se comienzan a tironear de las cabelleras los popes mundiales, frente a una escalada del precio del petróleo que mete pavor. Por aquí estamos en los mismos jugueteos poco serios, que nos vienen caracterizando. Y un Fondo Monetario que está harto de que le echan la culpa de todo, con respuesta que fue al corazón de la política nacional, y donde no se puede menos que estar de acuerdo, por más que la « corporación» prosiga con la estrategia de atacarse individualmente, pero defenderse en grupo. Nada de lo que suceda en la casa propia es culpa del vecino, o del prestamista, un principio elemental y que es desviado para que la masa siga buscando a los enemigos afuera, entre el FMI o las compañías extranjeras que tomaron privatizaciones.

Como al Fondo mucho no le pueden hacer, más que insultarlo periódicamente, la revancha viene con volver a extenderles a las empresas los plazos para negociar convenios y tarifas. Como si tal cosa, unilateralmente, desdiciendo lo mismo que afirmaban la última vez.


Así que tratar de ver bondades parecidas en el contexto habitual, aquí y afuera, es hacerse una película de haber llevado el argumento a la Bolsa, pero esa película, a la que se han sumado muchos extras, se está filmando sin otro argumento que esperar por el libro prometido. Con respuestas de tal magnitud, como el martes, la sensación y el asombro opacan al raciocinio; hay que subirse porque el tren camina y no debemos quedar abajo. Pero mejor medir el entusiasmo,
por las dudas...

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