Tal vez no existe falacia mayor, actualmente, que seguir denominando como «jubilación privada» al sistema de las AFJP locales. Que viven a expensas de las voluntades de gobernantes y funcionarios de turno, en un juego tan arbitrario como si se tratara de fondos públicos. La reciente muestra, ampliando la capacidad de tener títulos de deuda en cartera y con la finalidad de llenarlos más todavía de tales «papeluchos», tampoco parece sacar a nadie de la pasmosa tranquilidad con que se informan noticias tales. Pero, en fin, como todo está solamente girando en torno de la propuesta por los bonos del exterior, de nada vale atacar con el asunto en sintética columna, si es que a las grandes columnas no les interesa en demasía.
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Simplemente, lo dejamos asentado para nuestro archivo-memoria y porque ya desde antes de la instauración del sistema en la Argentina, habíamos puntualizado el verdadero uso -y abuso- que se haría de esos fondos pretendidamente «privados».
Esto, por lógica, le restará capacidad de maniobra para integrar otros activos al conjunto de carteras yendo directamente en contra de lo que son especies de índole privada, como las acciones. Y si bien aquellas apelaciones iniciales, sobre la reactivación que les daría el sistema a los activos de Bolsa, se habían diluido hace mucho tiempo, vale remarcarlo cuando el Estado come cada vez más de las carteras, desplazando con los codos toda posibilidad de diversificarlas como es debido. Además de llenar su porción con más bonos idealizados y que nadie -sensatamente-iría a integrar sin compulsiones previas. La plaza accionaria, que enhebró un buen pasaje, deberá arreglárselas con el reducido flujo que le pueda llegar de raleados costos locales, más la participación foránea que siempre está con un pie adentro y el otro afuera, buscando descremar un momento y después... partir. Esto es lo que hace temer por la estabilidad de la plaza, si es que fluyen ventas en cantidad considerable. Parece venir ya estirado el mercado, en cuanto a encontrar más demanda solamente con la carta del circuito cerrado, y que los que vendan bien arriba sean los que retomen de nuevo abajo, tras una corrección. Con lo cual se formaliza un ámbito donde los mismos pesos rebotan contra las bandas y fabrican el andamiaje. La necesidad de más capital de riesgo, fresco, es la carencia que impregnó ya varias jornadas de octubre. Cada vez más se va hacia una apuesta al todo, o nada, en función de que se arribe -o no-a un acuerdo con los bonistas. Pero, el primero de ellos, con los Fondos Pensión días atrás, no recreó ningún entusiasmo, sino que hasta deparó bajas. Decir que lo de afuera también esté descontado, es mucho: recemos para que no sea así.
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