Si el mercado «descontó» dentro de su recorrido notable de pasadas semanas una buena parte del «acuerdo con los bonistas», podemos estar en un problema. Creemos que el descuento acerca de lo abrochado con los fondos pensión nacionales era una noticia muerta desde antes de saberse. Allí sí, lo más lógico era dar por hecho que el tramo imprescindible se iba a concretar, y no tenía la menor fuerza para dotar a la tendencia de agresividad alcista.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Pero, lo de afuera, esto que va a comenzar como el gran show financiero del año en el mundo de los negocios no era tan sencillo de presumir, de «adelantar». Sin embargo, no existe otra fuerza impulsora de tamaño y aparecida, capaz de conseguir ese vuelco enorme que dio el ánimo bursátil de agosto para setiembre, continuando -parcialmente ya- en octubre. La gran jugada debe involucrar una buena parte de que el arreglo sea satisfactorio. El asunto es saber cuánto. Lo peor que pudiera suceder es que, efectivamente, casi todo estuviera ya implícito en la levantada accionaria. Con lo cual, al explotar la novedad, ya no explotaría mucho en el mercado, puesto que ya había explotado antes.
A cambio, si todavía hay una fuerza importante esperando ver para creer -y para actuar-, tal novedad podría dar un recorrido extra, sobre lo ya subido. Y colocar a la plaza de Buenos Aires en óptimas condiciones. Ni imaginar si se diera la hipótesis de mínima -con un porcentaje de aceptación bajo, insuficiente-, porque allí lo que podría desencadenarse es una formidable estampida de los activos de riesgo, y sabemos hacia dónde se dirigirían. Lo que nos sitúa en un túnel insondable, a partir de ello. Puede ser un buen razonamiento el que esté en el medio, sin llegar a las puntas del tema, esto es, que sabiendo lo que puede acarrear un noacuerdo, una no-renovación del Fondo, los funcionarios tendrán la única salida de llegar a convenir, sea como fuere.Y, en tal caso, menos exitoso, o más, el tal acuerdo debería arribar por una forma o por la otra (que si hay que ceder, ya sabemos los excelentes «maquilladores» públicos que están en la órbita oficial, para pasarlo como un éxito). Y por ese lado es por donde puede encontrarse lo inteligente del movimiento: desestimando el riesgo, acotado a un mínimo, y jugando las cartas a que la que pueda darse vuelta sea la que se precisa. Cierto que la alternativa a no llegar a un arreglo es poco menos que patear el tablero frente al mundo. Algo para lo que se requieren espaldas muy anchas y ciudadanos muy convencidos de afrontar lo que venga. Parece que no es el caso. Así que, eliminando todo lo que es imposible --como Holmes-, lo que quede debe ser cierto: que habrá arreglo, como sea.
Dejá tu comentario