19 de octubre 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Alcanzó una instancia superior nuestra plaza bursátil, a partir de una semana de menor a mayor y donde la coronación arribó con lujos. Un viernes «de aquéllos», como de los tiempos del movimiento 1991/ '92, y donde así como se agregaron niveles de 3% a la importante suba semanal en el cúmulo de órdenes disparadas se totalizaron cerca de los $ 130 millones de efectivo: sólo para acciones locales. El mercado explicándose a sí mismo, con lo homogéneo de los indicadores, sin que nada faltara -tampoco la oferta y produciendo una rueda de tal extrema liquidez, como hacía mucho tiempo no se observaba. Y, lo mejor, quebrando el dibujo de ruedas anteriores, donde existía un solo eje de sustentación en Grupo Galicia -su aumento de precios para el Merval, su alto volumen para los negocios- y que el viernes varió favorablememte. Porque Galicia se limitó a seguir por inercia, con más de 10 millones de títulos, pero dando muestras de haber recibido fuertes tomas de utilidades. La mejor prueba fue el tibio cambio de cotización, con 1% de suba. Pero, en aras de ello apareció el gran recambio, la dispersión más apropiada del volumen. Buena parte de lo que fue a dar a otras plazas de buen porcentaje en el ponderado, como Acíndar y Petrobras, seguramente es lo salido de Galicia: rebotando las órdenes dentro mismo del circuito, muchas de ellas jugando las «simultáneas», sin perder tiempo alguno. Y dentro de ese vigoroso devenir de las órdenes se orquestó una fecha de gran importancia. Algo que por instantes puede sembrar cierto escozor, en virtud de haber derribado vallas y con montos de negocios que pueden crear exigencias de mantener un ritmo: y no dejar vacíos a las ventas y tomas de utilidades.

Pero, lo hecho, hecho está. Lo lúcido de una rueda como la del viernes merecía hasta tener el escenario adecuado: el del gran ruido de recinto a pleno. El de agentes y socios montando el espectáculo inigualable de una Bolsa en todo su dinamismo y colorido. Aquellos que promovían las fotos de primera plana, con cientos de manos en el aire, con plazas apretujadas y un público tenso. Esta realización actual, a pura « terminal», es un descendiente de aquellas grandes tardes: pero, solamente la gente del ambiente lo sabe. Hacia afuera, la Bolsa ha perdido marketing, las fotos escasean y las cámaras de los noticiarios se ausentan. No hay llegada del gran público, del inversor común, al que se denomina despectivamente «chiquitaje»: pero que constituía una capa importante, en la composición de distintas metas y usos del mercado. Si hay que hablar de un «boom» desatado en estos días, resulta uno « institucional». Para muchos, está bien que así sea: pero, ¡caray! que eran lindas aquellas ruedas, donde la Bolsa vivía y respiraba.

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