Dos días antes, la necesidad de jugar un tiempo suplementario para un sistema electrónico que mostró saturaciones frente al ritmo que se había desatado. Dos días después, un cierre de mes con evidentes lunares de órdenes en el desarrollo y bajando el ritmo a la mitad, de un solo plumazo. No vale de mucho extraer conclusiones en nuestro mercado, más allá de lo que pueda ser una aproximación a lo que resulte el destino de la rueda siguiente. Los saldos finales de setiembre-octubre resultaron sumamente suculentos, pero sin que exista un andar armonioso en los indicadores. Especialmente el volumen se ha evidenciado en octubre con mínimos de cerca de $ 40 millones y algunas cimas que lo vieron con hasta $ 130 millones de efectivo por rueda.
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Esta extrema elasticidad, posiblemente inducida por un astuto juego profesional, hace que los precios también se puedan ver estrujados, o resplandecientes, sin que aparezca una cámara intermedia o alguna señal que delate el cambio. Todo pasa por abrir o cerrar el grifo de la liquidez y esto proviniendo de las carteras que son capaces de definir la dirección de una rueda, distribuir golosinas o servir amargos tragos. Es el mercado que puede obtenerse ante la falta del concurso masivo, popular, que hace menos controlables los movimientos. También, cierto es, la participación masiva de los que solamente se arriman a una Bolsa en los instantes pico, que resultaban hacedores de los desbordes y euforias que culminaban de mala forma. Si a veces es difícil para el veterano operador poder salirse de la embriaguez de las alzas continuadas, lo es -naturalmente- mucho más para quienes entran suponiendo que han descubierto la veta: para «ganar siempre». Ergo, si se puede conservar un incremento bursátil de dos meses consecutivos y con regias utilidades, esto es patrimonio de un juego que se ha acotado a manos experimentadas y que ensayan las pausas debidas, para no tirar demasiado de la goma. Pero el componente del color, el espíritu, aquello que pertenece a la mítica sustancia de un mercado bursátil, ha quedado por el camino. El «marketing» acerca del notable momento de nuestra plaza, la difusión y el derramar de la Bolsa hacia las calles ya no es posible. Más que la propaganda boca a boca, del que se entera por un amigo, pariente, o lo ha visto al boleo en algún medio, el mercado bursátil no es noticia de primera plana, salvo una explosión excesiva de sus indicadores. Lo tocamos muchas veces, antes de este movimiento, y nos parece sumamente ponderable que la plaza consiga ruedas de cuarenta millones de dólares, sin que el juego se abra. Informate más
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