La palabra ya está gastada de tanto utilizarse: refinanciar, refinanciar... refinanciar. Es todo lo que se alcanza a oír, para llegar a la conclusión de que «el mercado es optimista». Los bonos posdefault, también refinanciarlos el año próximo, siguiendo el periplo del cheque diferido, que no se levanta en término y es reemplazado por otro diferido. Y así, a la eternidad. Obviamente, buena cantidad de tales bonos en poder de Fondos Pensión, que aceptarán -en representación de sus sufridos aportantes-que les cambien papel por papel. Que no es bueno irritar al soberano de turno, sea del color que sea...
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Sobre tan frágiles patas se armó la gran mesa de llevar adelante cotizaciones de activos oficiales, o privados. Y está bien que se tengan esperanzas, pero cuidado de no confundirlas con evidencias, con hechos. Con bosquejos que ya están planteando qué habrá de suceder en adelante. Con las cuentas necesitando vigorizar todavía más el superávit, pero en medio de un año donde lo electoral habrá de predominar y con superpoderes para rediseñar destino de los gastos. La primera de las patas, donde se apoya el grueso del movimiento, y que es llegar a un resultado positivo en el canje de bonos (antes de tener que lidiar con el FMI) ya no exhibe actitudes tan triunfalistas. Tal como está presentado el menú, parece que no tiene tantos comensales dispuestos a tragarlo. Y los operadores, antes de plantearse la hipótesis de mínima, prefieren volver siempre al «plan A»: que es imaginar una carga oculta, por medio de la cual el gobierno habrá de tratar de decidir el lance en su favor. Para no llegar a lo otro, a eso que casi nadie quiere tocar de lleno: porque genera bastante espanto. Pero, en un país como el nuestro, «imposible» no pertenece al diccionario: y ya hemos visto muchos «imposibles» de nuestra historia, que fueron palpable realidad. Sin ir más lejos: «imposible» que se salga de la convertibilidad. «Imposible» que el país se declare en default. «Imposible» que se queden con los depósitos de la gente. «Imposible» volver a otorgarse superpoderes a ningún gobernante. Si se hiciera una obra con todos los « imposibles» de nuestra historia, sería casi imposible editarla en un sólo volumen. Pero, a pesar de ello, todavía se invoca que determinada alternativa es «imposible» que se tome.
Por el bien no ya del mercado, sino de todos, mejor que realmente sea cierto que los arreglos y acuerdos llegarán de una, u otra manera. Pero, la soberbia y los impulsos, el mal entendido orgullo, la «patriada», no está fuera de concurso en esta historia. Hay quienes no dudarían en ejercer ese tipo de «soluciones», si la cuestión se les pone espesa. Y posacuerdos, igual se abrirá un año 2005 donde la palabra «refinanciar» será la de más alto rating. Más de lo mismo.