12 de noviembre 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Así como se fue desinflando la «burbuja» informativa sobre los mecenazgos chinos, un reflejo directo estuvo en el espejo natural: el mercado bursátil. Dos ruedas donde cayó de modo evidente la potencia que había vuelto a colocar la demanda, bamboleándose el índice entre mínimos y máximos, pero casi nada demasiado claro y comprensible. Lunes y martes fueron de «guardar», dar unos pasos hacia atrás y retirarse del fuego que se había embravecido durante el viernes. Las huellas de la mayor calma quedaron registradas en un ritmo de efectivo retornando a zona de $ 60 millones, mientras el Merval luchaba alejado unos diez pasos de una línea fronteriza que se había atravesado lujosamente, hasta los 1.325 puntos, en la última fecha de la semana anterior. Otra vez a la pala y el pico, doblar las espaldas -por no decir «el lomo»- y buscar laboriosamente la punta de una madeja, que se ocultó de pronto. Aumento de salarios privados «por decreto», no suena a bueno para las sociedades, y las acciones no son más que empresas pasadas a papel transable. Otra señal contraria, que atenta contra una nueva suba de los costos y en firmas de mano de obra intensiva: vaya sacando cuentas...

Producir una explosión del consumo para finales de año parece resultar una estrategia muy remarcada desde las ansiedades oficiales por meterles mano a las leyes naturales. En tanto, parece armarse otro «cheque diferido», en forma de bono, para reemplazar vencimientos de años próximos -ya posdefault- a cuatro años más tarde. Y así, continúa el esquema de una rehabilitación nacional, que no deja de inventar chicanas para mantener un fuego encendido de prosperidad comprada de a kilo, en una tienda.

Al parecer, algún economista que es de lo más original en sus apariciones televisivas -no más que eso- habrá convencido a Duhalde de cotejar las crisis europeas o norteamericanas y el empleo del mismo recurso: quedarse con dineros de la gente. Lo curioso es que se puede leer como que tal actitud es ponderable -en vez de lamentarla-y para rematar el mensaje: decirles a los ahorristas desplumados que han sido los más favorecidos, porque otros -en otro tipo de activos estuvieron mucho peor. Para armar una secuencia y un ranking acerca de quién baila con la más fea en los bailes propuestos por nuestros cerebros. Todo está como «en la vidriera de los cambalaches» y, salvo la Biblia, junto al calefón se puede ver y oír de todo en un escenario donde la facilidad con que se lanzan las mayores expectativas, para después desinflarlas, van camino recto a que en poco tiempo nadie crea absolutamente en nada. En el « salpicón» de novedades, el mercado se quedó meditando unas ruedas. Demanda titubeante, oferta que se aguantó todo lo posible, ritmo cayendo. Pronóstico, inestable.

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