Barrer cúpulas judiciales, policiales, militares, no parece resultar un problema en estos tiempos. Se realiza con tal celeridad que ni siquiera se puede saber, de modo pormenorizado, las razones invocadas para voltear de a decenas -como los gendarmes últimos- y después mencionar que tal purga «estaba prevista desde antes». En cambio, no hay celeridad alguna para barrer a los que -supuestamente inyectan versiones en la prensa-, arman la tan conocida «burbuja» -afín a los mercados- y dejan que se pinche posteriormente. Por ahora, solamente cayeron algunas amenazas de remover a tales funcionarios, pero ¿se están realizando las indagaciones correspondientes? ¿Hay sumarios abiertos, investigaciones bien orientadas? Como no quedaba demasiado cierto echar toda la responsabilidad a la prensa, el presidente Kirchner optó por tirar el sayo a medias con «los que hablen de más» (de su propio entorno) y de ese batido donde todo queda bien mezclado, intentar salir airoso de papelones sucesivos sobre anuncios y desmentidas.
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La imagen de lo «poco serio» es lo que prevalece después de tantos ajetreos y si bien no parece preocupar a la masa, es del todo preocupante que instrumento tan sensible como la tendencia bursátil se vea envuelto en vientos cruzados y que no responden a otra causa que a la del remolino. Nuevamente se ingresó a una zona de sombras, cuando todo parecía indicar que la demanda habíase entonado nuevamente y proponiéndose acceder a otros máximos del índice. Después, una tensa meseta, las dudas que acompañaron al escenario nacional, y finalmente el desembocar en una caída importante como la del viernes: que resultó seria, por volumen.
Esto está como para reacomodarse otra vez, si convencen las largas peroratas oficiales -también cansadoras- o si cabe la alternativa de que se desacomoden todavía más las variables. Las cartas han vuelto a pasar del lado de la oferta, sumamente feroz el viernes, y en la medida que se procure ajustar las pretensiones de venta a las posibilidades de absorción, devolver tranquilidad. Faltaría colocar un cartel en la puerta: «¡Atención! Adelante zona de ripio». Saliendo del pavimento, preparándose para saltar sobre un «pianito», hasta encontrar ruta pavimentada de nuevo. No hay pronóstico posible, no hay conclusión confiable, y ya es aburrido hablar de esto cuando viene sucediendo a menudo. Que otras veces no ha pasado de un tramo corto de turbulencias, no significa que siempre se resuelva del mismo modo, en tan corto tiempo. Y el asunto del tiempo suele jugar un papel tanto, o más, importante que el dinero, en mercados naturalmente inestables. Una extensión de ventas gruesas, de rebajes de precios, puede llevar a otra fase más peligrosa: cuando uno se da vuelta, y atrás, no hay nada. Informate más
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