23 de noviembre 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Hay sociedades que están repuntando, desde el punto de vista de lo operativo, lo cual es buena señal, porque representa lo genuino del negocio. Trabajan mejor, facturan más, tienen más utilidad. Pero también es genuino que muchas de ellas arrastran endeudamientos que asustan, algunas los han repactado, pero lo repactado debe irse cancelando y por muchos años. También es genuino, y más cercano a los intereses del inversor minoritario, que muchas de las que levantaron la puntería, en cuanto a generar beneficios en el período, llevan el lastre de altas sumas acumuladas negativas. Que no se han diluido contra una cuenta de «ajuste» o que se las ha seguido llevando hasta que se vayan extinguiendo solas. En este caso, el inversor debe recordar que -a efectos de dividendos- lo que prevalece es la suma de «no asignados», aquellos acumulados mencionados, para ver si la empresa tiene cifras positivas para repartir esos dividendos.

Como postre, cabe agregar que existen muchas compañías sobre las que penden cláusulas -originadas en los acreedores que les prohíben dispersar sumas en efectivo aunque las poseyeran. Bastante complicado es hoy en día aguardar algo de la renta, como socios de una empresa, y queda el panorama limitado a buscar la «ganancia de mercado», es decir, comprar a un precio para revender a otro superior.
 
Con lo descripto, es sencillo imaginar que toda una generación, la raza del llamado «inversor», se ha extinguido en nuestro medio. Los que decidieron permanecer han debido mutar la actitud pasiva de acumular posiciones y sostenerlas en el tiempo, cobrando dividendos, por otra dinámica que necesariamente obliga a mirar el corto plazo. Puede mencionarse a las carteras comunes como poseedoras casi obligadas de la característica del «inversor», pero atención con esto, porque muchas veces se convierten en operadores dinámicos que toman y dan, recambian posiciones, en búsqueda -también- de captar las mayores ganancias de mercado. El desarrollo de un mercado donde no se entrelazan las distintas miras de sus intervinientes, donde van quedando solamente los del corto plazo, se convierte en mucho más agresivo y ofensivo que lo deseable. No hay manera de cambiarlo, al menos por mucho tiempo. Y pensar en mucho tiempo suena, inclusive, a una utopía. Porque el mercado local es agresivo, dentro de un escenario general del mismo tono. Se puede decir -como cuando se habla de corregir la alta tasa de delincuencia- que esto se arregla con « educación». En tal caso, educación y cultura bursátil; el tema es que puede uno estar muy bien preparado, desde la teoría y las intenciones, pero seguramente se estrellará ante la realidad. Hay que moverse, mucho; el instinto juega un rol esencial y los reflejos con imprescindibles, o se estará perdido.

Dejá tu comentario

Te puede interesar