Cupones bursátiles
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Con lo descripto, es sencillo imaginar que toda una generación, la raza del llamado «inversor», se ha extinguido en nuestro medio. Los que decidieron permanecer han debido mutar la actitud pasiva de acumular posiciones y sostenerlas en el tiempo, cobrando dividendos, por otra dinámica que necesariamente obliga a mirar el corto plazo. Puede mencionarse a las carteras comunes como poseedoras casi obligadas de la característica del «inversor», pero atención con esto, porque muchas veces se convierten en operadores dinámicos que toman y dan, recambian posiciones, en búsqueda -también- de captar las mayores ganancias de mercado. El desarrollo de un mercado donde no se entrelazan las distintas miras de sus intervinientes, donde van quedando solamente los del corto plazo, se convierte en mucho más agresivo y ofensivo que lo deseable. No hay manera de cambiarlo, al menos por mucho tiempo. Y pensar en mucho tiempo suena, inclusive, a una utopía. Porque el mercado local es agresivo, dentro de un escenario general del mismo tono. Se puede decir -como cuando se habla de corregir la alta tasa de delincuencia- que esto se arregla con « educación». En tal caso, educación y cultura bursátil; el tema es que puede uno estar muy bien preparado, desde la teoría y las intenciones, pero seguramente se estrellará ante la realidad. Hay que moverse, mucho; el instinto juega un rol esencial y los reflejos con imprescindibles, o se estará perdido.


