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La última etapa de noviembre trajo consigo un pozo de aire bastante imprevisto, en lo que hace a su profundidad. Como para que el índice deba estar luchando detrás de sus propias líneas, en terrenos que parecían poder darse por ganados. Perforando los 1.200 puntos, utilizando el recurso de última instancia una actitud netamente defensiva, es lo que queda despidiendo al mes. Cierto que tiene fuerte connotación con la realidad que se ha estado viviendo, visto el papelón oficial con un tema de convenio con los chinos. Y agregándose las dilaciones a improvisaciones, acerca del remanido asunto de los bonistas que cada vez parece más lejano, cuanto más cercano se lo anuncia. Tomando una de las genialidades de Macedonio Fernández, podría decirse que cuando los funcionarios «gastan una tontería de inmediato la reponen en el inventario». Y así, siempre se mantiene un buen volumen disponible, inalterable, para continuar utilizándolo en otras cuestiones. La sensación de la extrema endeblez en que se apoya lo conseguido tras el epicentro de la crisis es lo que da para alentar temores y habilitar hipótesis variadas acerca de cómo nos irá en 2005. Esto le otorga un respaldo racional al tal pozo de aire aparecido y dejando en un clima de suspenso el remate del año.
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