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Mientras en derredor bullían los sindicatos, corrían riesgos de discontinuidad servicios tan esenciales como los teléfonos, trenes o subterráneos, se gestaba también un nuevo saltar de vallas. Y en este caso, para forzar a que el Banco Central deje de lado lo que, con tanta pompa de «independencia», se quiso forjar años antes. Nada queda de independiente, ni las estadísticas básicas; nada está exento de ser modificado a voluntad cuando se lo requiera. No parecían pesar nada en los ánimos tales cuestiones; algunos se animaron a que el repunte provenía de encontrarle otro banco a la controvertida propuesta del canje a los bonistas. Nos quedamos con la impresión más primitiva: que dentro de lo gobernable que resulta el mercado, por magnitud y conformación, cuando se precisa
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