Dejar contabilizar bonos nuevos a su valor de emisión, más 30 años corridos de intereses «por cobrar», suena cuanto menos a un artilugio de la ciencia ficción. Lo bueno es que se oyeron por allí las clásicas justificaciones para cubrirse: que esto no es un invento argentino, sino que se aplica en otros países del mundo... Como si tal hecho sirviera de suficiente argumento para avalar una práctica claramente distorsiva. Pero, como cuando se sancionan normas a favor nadie se muestra quejoso, los interesados tomarán de buen grado el ofrecimiento y por tal «act of magic» los bancos acaso posean carteras en bonos, cercanas a las sumas de antes. Si por el largo camino de 30 años algún gobernante en emergencia decide volver a cambiar los términos, es otra historia. La que se escribirá para el presente involucra esa jugada; y todo el mundo, a admitirla como buena.
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Que hay escasez de buenas nuevas, como para dejar por alto cualquier especie que tenga el maquillaje de tal; tomar el oropel por el oro, mientras suponga algún brillo, es salir de cuestiones delicadas. Y sobre la base de tales mecanismos es como se quiere fundar un país nuevo, que retuerce las verdades a voluntad y cuenta con una platea dispuesta a digerir lo que se le presente. Esto, claro, debía también serle útil al mercado accionario y que tiene su columna esencial del índice en un papel bancario, capaz de mostrar otros números y otro vuelo en sus cuentas. Por allí, básicamente, aparecieron las dos ruedas buenas de la semana: dando vuelta las dos malas del inicio. Mercado que contó con más presencia tomadora, ubicando negocios en niveles de tono razonable en el final del período. • Pero, va arribando la hora del encuentro con la verdad del canje, esto es lo fundamental para imaginar los pasos del mercado por el inicio del nuevo ejercicio. Junto, claro, con lo que pueda llegar a acordarse con el FMI, por más que existan devaneos de pagos completos para que la entidad no siga metiendo sus narices: una especie de auditor que es independiente de nuestros políticos, al que -contra lo que muchos creen- no sería bueno perder. El show de los tironeos salariales, una primera carga -todavía no resuelta del todo- para 2005, y los incrementos tarifarios que irían sobre la industria colocan el gran interrogante sobre las utilidades de las sociedades. Ergo, de las acciones. Todo sigue tan mezclado, y complicado, como venía reflejando el inicio semanal. Pero también se vio que ante cualquier señal que puede pasarse como beneficiosa, el índice puede hacer un giro en el aire y mostrar subas, donde antes prevalecían las bajas. Está más para el juego que para la inversión, desde hace bastante tiempo, y es lo que ha ido quedando de un mercado bursátil que supo de otras modalidades. Informate más
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