Ultima rueda completa de 2004, aunque -recordemos- mañana habrá también Bolsa en nuestro medio, si bien con un horario corto. Y resultará un ejercicio que se sacó adelante con los picos y valles muy lógicos, para una situación de país que los ha tenido, y sigue teniendo, en grado sumo. El ideal es cuando la plaza fluye de menor a mayor, provoca algunas mesetas, pero siempre con el sentido de un mes mejorar al pasado. Y culminar el año con las diferencias extraídas de tal modo, sin que hubiera que sortear algunos badenes profundos como los que han existido a lo largo de este trabajoso 2004. Y es acaso el término que también se puede acoplar a otros calificativos, que vino por casualidad pero que puede adoptar una función más enhiesta que solamente formar parte de una frase: trabajoso. Para mejor delinearlo, fue un ejercicio tra-ba-jo-so, así, cortado en cada sílaba y donde unas fueron brillantes y las otras regulares, con la participación de alguna bien contraria también.
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Un año donde también hubo que utilizar la «muñeca», cuando las órdenes no alcanzaban y con muy poco había que obrar cuasi milagros, para que el índice no se pinchara malamente. Lástima, y no terminaremos de lamentarnos, que no exista ya el escenario de los negocios voceados plaza por plaza, con centenares de operadores desparramados por el recinto. Dejando de lado lo simplemente mercantil -si este modo es más poderoso y favorable que el otro- porque nos parece que era un año tan complicado de gobernar, como para que todo el arte operativo saliera a la luz dictando clases maestras de parte de los más talentosos. Y enseñando, de paso, a los novatos, o los menos dotados. Esa suerte de escuela natural, en el piso del recinto, que nunca podrá ser reemplazable ni por los mejores libros sobre el modo de operar en Bolsa.
Un ejercicio para sacarse chispas, de demostrar de qué modo se puede estar vendiendo y que el papel vaya hacia arriba. O comprando y que los demás creyeran lo contrario. Quizás, en un año más normal y sólido, donde casi se trata de «despachar» órdenes, no se sienta la esencia del voceado y hasta será bueno que los negocios de formalicen de otra manera. Pero en este 2004 ha quedado pendiente el qué hubiera sucedido con el mercado a la vieja usanza. ¿Habría podido solventar mejor el recorrido? ¿O se hubieran producido más baches? ¿Se hubiera propendido a un camino más llano y con menores saltos pronunciados? En definitiva, no existe un año igual a otro en el historial. No hay modo de hallarle un parangón y todo quedará solamente en el «puede ser»: de hipótesis antojadiza. Informate más
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