10 de enero 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Todo precario. Vivimos en el país «nuevo», en el de la falta de planificaciones -«porque los que tuvieron planes, fracasaron», según la particular óptica presidencial-y en la apuesta permanente a que todo se comporte de acuerdo con aquello para lo que estamos preparados. Ahora, la faltante de agua en varias localidades es contestada por las empresas como: un derivado del alto consumo. Y las temperaturas que se están sufriendo no importan. Es como que estuvieran preparadas para abastecer consumos de hasta 30° de temperatura. Si se va más allá la marca, es culpa de la naturaleza (y de los que, necesariamente, consumen más agua que con diez grados menos). Cortes de luz, porque las redes no están preparadas para poder aguantar un consumo a la par de un verano muy caluroso. Y así... las cuentas fiscales parecen estar preparadas para ingresos por materias primas que estén en sus mejores precios. Y si el campo se ve perjudicado por esa baja aquí comentada (y también con igual apreciación en Brasil) no son sólo los productores los que verán disminuidos sus ingresos; aferrados a ellos se adelgazarán las proyecciones presupuestarias generosas.

Y la Bolsa... nuestra Bolsa. También funciona como espejo de un país precario, atado con alambres y que ruega por condiciones imprescindibles. Parece el mercado estar sujeto a que la oferta sea benigna, a que la tasa de Estados Unidos no suba, a que los clubes de acreedores avalen esa gran campaña publicitaria interna, donde se dice que casi todos acatarán mansamente. Cualquiera de los rubros imprescindibles que se vaya de marco, al diablo se van las pretensiones del Merval y su incursión por alturas que tienen avales sumamente endebles. Estarán en tanto y cuanto todo luzca bien.

En dos ruedas le barrieron 5% al índice, que de pavonearse arriba de los 1.400 puntos empezó a caminar por el alambre de los 1.300. ¿Qué había sucedido? Que la oferta se puso un poco más nerviosa, que Greenspan le dio otro retoque a sus tasas, que ciertos personajes representantes de bonistas poco menos que apostrofaron la oferta argentina para el canje.


También ahora parece, recién, aparecer la inquietud por la inflación -y eso que la dibujan a gusto y placer frente al derrame de dinero para consumo. Hay temores a que la supuesta astringencia de liquidez a voluntad, no se pudiera concretar con tanto facilismo. Y, claro, había razones para una oferta más nerviosa: la derivación fue un mercado que quedó pedaleando en el aire, incapaz de asimilar sumas razonables de órdenes y que no subieron mucho más allá de la mediocridad. Precario. Todo tan precario como las normas y controles que se quieren aplicar después de los hechos. ¿Planificar? ¿Prevenir? ¿Para qué?, si igual se vive...

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