Da la sensación de que pase lo que pase con el canje, se intentará pasarlo por «bueno». El mismo Lavagna dejó como «ejercicio intelectual» la idea de una aceptación de 50%. Que, dadas las circunstancias y sensibilidades a flor de piel, resultó un ejercicio bastante desconcertante. Después se podría inclusive tomar como que iba en serio y armarse todos los nudos dialécticos que suelen ocurrir. Lo cierto es que el show ya levantó el telón y tendrá primero la ventaja de salir a cazar leones que están dentro de la jaula -como acreedores institucionales locales, debidamente aleccionados-, lo que deberá utilizarse con el marketing apropiado para que observe un notable impulso de adhesiones. La maquinaria publicitaria que se pondrá a disposición estará encargada de transmitir -ampliada-tal sensación a los demás bonistas y al público en general.
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Todos saben que lo que falta por jugarse, el verdadero match, aparecerá con los acreedores a los que no se puede presionar, los de afuera.
En lo que deberían ponerse de acuerdo es en el porcentaje piso sobre el que se pueda decir que el canje ha resultado acorde con lo necesario. Y qué habrá de suceder si esa marca queda distante: punto clave para encarar el año desde cualquier punto de vista. Desde el empresario que tiene que decidir acerca de su estrategia de inversión, o de acceder a línea de crédito. O el simple inversor que quiere poseer una idea sobre el destino que correrá su capital, según sea una colocación u otras. Sin dudas, el destino de la tendencia bursátil irá también pegada a ello, por lo que todo lo que ha venido sucediendo en los momentos previos: solamente puede tomarse como un juego corto de mercado. La orientación debería surgir, más sólida, de mitades de febrero en adelante. Sin descartar que al show de las adhesiones locales se le pueda sumar un microclima bursátil, sacando partido de tal « triunfo» del canje.
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Por otra parte, apareció una orientación a buscar los títulos que corrijan por el CER. ¿Y por qué será? Los instrumentos cambian de nombres, aunque no de espíritu. Y tal como las ON se transforman en « fideicomisos», como nueva forma de emitir deuda, los bonos por el CER nos devuelven la imagen del lanzamiento de los primeros VANAS (Valores Nacionales Ajustables, por inflación) que tanto desastre y vicio llevaron consigo en cuanto el índice de corrección comenzó a galopar. Hay un chocolate espeso por delante, los funcionarios hablan todo a media lengua, está en duda si el ritmo de adhesiones se conocerá puntualmente, o si quedarán en poder de unos pocos. Según vengan los «votos» seguramente se hará uso de uno u otro método.
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