18 de enero 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Entre 50% exitoso de Lavagna, a 80% que consideran necesario que se cubra en organismos del exterior, media una brecha tan amplia como la que se está poniendo realmente sobre el tapete en estas instancias. La pulseada por ver si un país de escaso poderío, amplio deudor, es capaz de imponerle sus condiciones a los acreedores poderosos. Imaginar que por simple poder imitativo, una cadena de deudores ingresara por la misma fórmula que la Argentina, es casi tener que imaginar que el tablero de todo el mecanismo financiero de Occidente volara por los aires. Y a quién le pueden caber dudas de que otros países se aferren a la «jurisprudencia» que puede quedar de este caso, para plantarse firmemente a querer devolver deuda en las mismas condiciones.

Es muchísimo más profundo y vital el juego ensayado, que ver el simple arreglo local para salir del default. Si no se coloca el espectador en medio del escenario total, con las distintas ponencias y presiones, no alcanzará a entender los porqué de dos puntas tan abiertas como el porcentaje de Lavagna y el del FMI. Lo que puede resultar un éxito para los argentinos gobernantes, puede ser un tremendo problema a futuro para los canales de crédito internacional. Porque la emisión de un título de deuda soberano, deja de resultar solamente problema de un emisor: forma parte de cómo funciona el mecanismo de todo un sistema.

En muchos de los comentarios que se han vertido se pierde la visión global y se lo ciñe a lo particular. Pero, se pasa por alto que si hay un estrangulamiento futuro de la fluidez el financiamiento hacia los menos poderosos: estaremos sufriendo las consecuencias, del supuesto «éxito» que se encargan de promocionar.



No terminará, ni por asomo, la cuestión del canje argentino en una fecha determinada por el lapso del ofrecimiento: solamente será el comienzo de una serie de secuelas que pueden sobrevenir tanto si el país se considera satisfecho, como si se encuentra con un fracaso. Hay cuestiones que irán a cambiar en el mundo financiero, en futuras cláusulas, en flujo de fondos hacia una región y otras. Difícilmente se pueda salir «victorioso», de un atolladero como el planteado y lo que mejor quedó, de toda la exposición del canje, fue haber dicho que entrar en default fue un error. Si bien los mismos que ahora lo dicen se han venido sirviendo del mismo, hasta que el tiempo ya se hizo insufrible.

Las aguas bajan turbias, es muy difícil poder reunir en un análisis todas las variantes y efectos que puedan generarse en el «poscanje». Mirar exclusivamente la posición local, desechando la global, resulta una temeridad.

También el inversor común debería realizar un ejercicio, a pluma alzada, sobre esto.

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