¿Qué hubiera sucedido si los Fondos Pensión se hubieran negado a entrar en el canje? De seguir los considerandos de los funcionarios oficiales, pues los afiliados a tales entidades no cobrarían nunca más nada. Seguiría, seguramente, algún recurso legal: ¿y qué puede uno imaginarse que llegaría a fallar nuestro máximo tribunal? Todo conduce a elegir un callejón sin salida o ese estrecho pasadizo por donde va el ganado en busca de su triste destino. Todo diagramado en un círculo, a modo de lazo, que termina por estrangular al que osó no estar de acuerdo con la unilateral propuesta. Tal tipo de vergonzosa fórmula es lo que se ha visto poblada de adhesiones de casi todas las organizaciones obreras, empresarias, bancarias y financieras. Apoyada de cuerpo presente, el día de la propuesta, por el conjunto de administradores de los aportes de los ciudadanos. Que, al menos por recato, podían haberse excusado a una «invitación» que habrá tenido -tal el estilo- visos de obligación. Y es así como se continuará escribiendo una historia nacional oficial, mientras que la verdadera -tal lo apuntó Guido y Spano-«no se escribirá nunca, porque causaría espanto».
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Esto habilita, y mucho más cuanto más alta aparezca la adhesión al canje, a que cualquier tipo de norma pueda ser vulnerada de modo unilateral y drástico, quedando toda la estructura legal y ética de la Nación, bajo los exclusivos designios de unos pocos: los que desempeñen los más altos cargos. Cuídese de esto también el simple inversor y esté alerta para aplicar el principio que -también- ha bajado como un ejemplo: si le asaltan dudas acerca de la estabilidad económica, cambiar los activos a dólares y enviarlos al exterior con la promesa de, algún día, repatriarlos. Con cuidado, porque, si es un simple inversor, lo pueden acusar de «fugar capital»; en cambio, si se trata de una provincia, esto merece el rótulo de «proteger el dinero». • La función debe continuar, es el principio del teatro y también extensivo a la actuación de los países: el tiempo ayudará, si bien no a borrarlo, al menos a taparlo todo. Porque vendrán más instrumentos y sofisticación, con iguales o posteriores gobernantes, para hacer que lo del pasado suene a una simple picardía. Seguro que muchos piensan que está mal lo que se hace, pero que no conviene decirlo: principio de cómplice que puede igual dormir tranquilo, porque ya lo ha practicado antes. Otras veces hemos visto y, muchas otras, leído, acerca de intentos argentinos por tratar de construir sobre cimientos viciados de muchos males: tantas otras veces, lo construido se fue derrumbando, hasta que un nuevo «arquitecto del destino nacional», volvió a colocar ladrillos sobre bases pantanosas. Y así sigue. Informate más
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