Dio la sensación en los primeros pasos de la semana que el mercado bursátil decidió arroparse bajo un cascote y desde allí otear qué es lo que se va desenvolviendo con el asunto del día: el canje. Por de pronto, falta demanda en grado sumo, y esto no ha deteriorado el índice de precios, puesto que la oferta tampoco sabe bien a qué atenerse y prefiere seguir esperando acurrucada. No llegan señales claras desde afuera, más que el malhumor que se tenía descontado de los italianos, la parsimonia japonesa, y esa típica sobriedad alemana. Todo sigue resultando a estimación antojadiza, mezclada con inducciones oficiales que buscan inyectar optimismo en ampollas. La realidad la da el mercado, y el nuestro, así devaluado en su importancia como está, ha preferido marcar la gran cautela real que gobierna a los operadores y a muchos analistas. El discurso y la opinión hacia adentro difieren bastante de los que se hacen públicos, mientras el lento avanzar de los días se va matizando con esas seductoras peleas políticas, dentro de un país que dice querer salir de su problemática.
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Un gobernador que dice que le quieren atar las manos, un viaje a París con sobrecarga de tensiones en el avión y los representantes de los combatientes buscando hacer estallar una tregua, porque la guerra de trincheras se libra en otro frente y no queda bien que en el exterior adviertan esa desarmonía que nos persigue casi siempre. No sea que supongan que la Argentina es una nación donde las paces son apenas un alto entre dos batallas políticas. ¿Qué nos aguarda en el segundo semestre, ya más encima de lo electoral? Acaso ni Dios lo sabe a ciencia cierta.
• El mercado bursátil dejó de andar lerdo, para preferir arrastrarse y esperar que el contexto le dicte alguna directiva precisa. Y donde se coloca el dinero es donde mueren las palabras de cualquiera: no hay suministros por el momento, el abrir la actividad diaria es encontrarse con la insufrible volatilidad juguetona de una Comercial del Plata, a veces de Alpargatas, como para que no todo sea de un tono gris mortecino. Son buenos momentos para esperar cuando se rompa esa calma y hacia dónde se rompe. Tendrá que ser con algo bastante grueso que se deslice, seguramente habrá cantidad de merodeadores, a la pesca de las noticias que permiten comprar o vender antes. Y el actuar por simpatía, para el inversor común alejado de la cocina de los chimentos, suele reportar la mejor de las estrategias: no aplicar ninguna, solamente imitar el golpe de mercado y sobre los títulos principales, que no pasan de ser tres, cuatro a lo sumo. Con una plaza consumida de órdenes, toda aparición de algún porte -sin ser demasiado-por parte de las fuerzas opuestas será remarcada en los precios.
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