El sistema bursátil ha tomado, al menos en esta instancia, el centro de la atención general en el país: debido a que resulta el organismo por el que pasa la realidad del canje de bonos que se lleva adelante. Entidad siempre eficiente, gobernada a medias entre la Bolsa de Comercio y el Mercado de Valores, la Caja de Valores es ciento por ciento de extracción bursátil institucional.
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Y desde el mercado accionario en sí, el sistema ha venido reflejando un pique de optimismo que no tuvo en absoluto a lo largo de todo enero. Despertó en febrero cierta fiebre alcista en los indicadores, al tiempo que la entidad que da cuenta de esa secuencia porcentual en aceptación del canje iba deslizando sus números. Algo más de 30%, a la semana pasada, no resultaba un número para emocionarse -menos, proviniendo casi todo del subordinado orden local- pero quizá, como en las «bocas de urna», se hayan realizado proyectados que indican cierta cifra que se sitúe -de mínima en las discretas marcas que Lavagna diera como ejemplo y asumiera como «satisfactorias» para el gobierno (o al menos, para el ministerio a su cargo). Sabido quiénes resultarán los «fusibles», en caso de un resultado que no sea «satisfactorio» políticamente, dentro de la telaraña fabricada de la sensación de que unos juegan de araña y otros... de insectos que juegan su funcionaria vida, en manos de los bonistas.
Una cruel paradoja, propia de los vericuetos que tiene la historia, que la carrera de algunos personajes aparezcan dependiendo de la voluntad de quienes han sido poco menos que vapuleados por ellos: los bonistas. No quisiéramos estar viviendo horas que les toca vivir a ciertos nombres, protagonistas del mecanismo implementado, y que deben querer enterarse -casi, hora por hora de qué modo se está «votando» respecto de la adhesión.
El mercado accionario parece haber querido otorgarles una muestra de optimismo, con una levantada que llegó en forma tan notoria como impensada (más en aumento de volumen, que en precios). La primera conclusión sería que la verdad está donde se pone el dinero, que el movimiento pareció estar jugando sobre seguro y que las cifras alcanzadas -superando hasta los $ 110 millones por rueda- no son «papel pintado». En todo caso, la Bolsa les habrá dejado dar una bocanada de oxígeno a los que viven horas tensas, sabiendo que están como en un «plebiscito» (ya que se puso de moda en la ciudad) para quedarse o marchar... Febrero apareció muy entonado, prometedor de ese verano caliente al que enero no le hizo caso y se fue consumiendo, más frío que nuestras playas. ¿Se conseguirá el objetivo, con los métodos tan agresivos empleados? ¿O será la revancha de los bonistas maltratados? Espere próximos capítulos.
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