23 de febrero 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Nos intriga conocer cuál resulta el «factor X» en la suba producida en el mercado, que despertó en febrero, pareció encalmarse tras saber de la falacia dispersada respecto de 40% de aceptación (que, en lo real, no era tal) y que volvió con más impulso que antes para derribar nuevas marcas en índice y volumen (nominales, claro).

Y ese «factor X» resulta el número que corresponde al porcentual de aceptación del canje, una vez finalizado el recuento. ¿A qué número o a qué banda estrecha o amplia, se jugarán los operadores? Deberá ser tal, como para que el entusiasmo o cierta euforia por el éxito terminen por consolidar lo avanzado y dando nueva proyección para seguir. No creemos que con aquel 50% de Lavagna se pueda organizar algún brindis oficial. Acaso, la respuesta debería estar en la franja del más de 70% holgado, como para que los propios organismos internacionales decidan aceptarlo como razonable. Con menos, es muy dificultosa la permanencia de una tendencia creciente en el mercado. Y es difícil de medir «a priori» de qué modo se escalonaría hacia abajo, en caso de sobrevenir un número que no convenza a casi nadie. De todas formas, ésta es no solamente una semana que define el mes de febrero, sino «la semana» del año, por todo lo vinculante que resulta el saldo del canje, con aquello que se vaya a hilvanar después. En la economía, en los ánimos, en aquello que es capaz de mover los motores de la estructura nacional. Y será la semana donde habrá que develarse el «factor X», que posee como un aval anticipado desde la actuación de la Bolsa, aunque todo debe confirmarse, en la realidad del recuento final.



También queda por saberse si aquello de «comprar con el rumor, vender con la noticia» no toma cuerpo al arribar el número esperado. Esto es que, juzgado de lleno al anticipo y caída la expectativa, en vez de reafirmar el avance, se salga a la toma de utilidades de modo profundo. Y también es difícil amalgamar el pensamiento del inversor local, del extranjero, del individual y del institucional. Los grandes inversores, se sabe, no pueden salir abruptamente de posiciones en escaso lapso, a menos que exista una contrapartida todavía más robusta que la que ha estado apareciendo. Tampoco se puede salir por cualquier especie, sino por un pequeño número de las muy líquidas y tantas veces mencionadas. Si la salida es de los individuales, no es complicado asimilarlos y diluir sus efectos negativos. Por lo cual, dos grandes grupos tienen el movimiento inmediato en sus manos: carteras de afuera y fondos institucionales. Para el peso específico necesario, el capital local y el individual no marcan huella. Finalmente, podremos quitarnos de encima -en el país-el fastidioso asunto del canje y poder afincar otros argumentos. Medidas sensatas, producción, planes coherentes no son una mala idea.

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