10 de marzo 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Está variando el escenario de las inversiones, solamente adheridas -eso sí- como componente común a todas: el hecho de ser de corto plazo. Por más que se proclamen nuevos aires, se ve todavía bastante lejos la intención de quedarse «pegados» a cualquier activo por lapsos que incluyan meses. La plena liquidez es el requisito, y mientras se continúe en esa línea, todo entramado que suministre inversión verdadera muere en las antípodas del corto plazo.

El virar de dólares a bonos indexados, nuestros «VANAS» del tercer milenio, ya venía marcando un paso firme sin necesidad del estímulo que le diera febrero y su acuse de índice inflacionario. Parece que esto disparó una segunda onda de recambios y que pone en serios aprietos los plazos fijos, que aseguran rentas que pueden quedar diluidas y desacomodadas ante un título con CER. Pero hay una tercera que solamente mostró las uñas con la rueda del lunes pasado en el mercado bursátil. Y es que se produzca cierta transferencia de capital y ganancias en acciones, hacia el refugio -también- del papel de moda. Como marzo es prometedor de estas a tono con enero y febrero (por el arrastre y por aumentos propios de la estación), hay una suposición, de base cierta, en que conviene jugarle unas fichas a lo inflacionario. Por lo pronto, la rueda del lunes mostró una fuerte depresión de negocios en acciones, sucedáneo de un viernes con alto régimen de órdenes. No pasó casi nada en lo que hace al Merval, en ninguna de las ruedas, pero resultó sumamente drástico el achique de ritmo y aterrizando en cifras que no resultan habituales en los registros de estas semanas.

Para salir bien del paso, en cuanto a conjurar una caída de precios, el recurso de una venta que se adelgace y el volumen que se contraiga, es del arsenal natural. Sería malo que se repita y se establezca un ritmo de negocios que coloque en escalones más abajo a un movimiento que supo encontrar caudal en los momentos alcistas del mes anterior.

Comprobar si existe una «emigración» también de los papeles privados, hacia los indexados, parece resultar el rastro por encontrar en estos días.

Es evidente que la presencia de nuestros funcionarios en el exterior, intentando un puente con el Fondo, y la gran frialdad de los primeros comunicados ayudaron a rebajar unos grados más la temperatura. Si en las valijas se llevaba la cruda intención de hacerle un corte de manga a los u$s 20.000 millones que quedaron flotando tras el canje, negando también el reacondicionar tarifas y convenios, la misión tenía perfil de una incursión de tanteo, para ver cómo lo tomaban allá. Prenuncio de nuevos roces serios... más alimento para la incertidumbre.

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