15 de marzo 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Más allá de que pueda resultar importante asistir a un detenerse de la depuración de precios, así como el que se produzca un repuntar para recuperar terreno, lo que puede quedar delimitado es el fin de un movimiento de la tendencia de corto plazo (en realidad, en nuestro mercado es la única existente) y el inicio de otro.

Fueron duras y continuadas las descargas de posiciones tomando utilidad de la subida de febrero, las que fueron pasando a otras manos y que deberán encontrar nuevas motivaciones, para ensayar una vuelta a aquellas cumbres inéditas -en lo nominal- del valor del Merval.

En caso de haber gestado un eslabón, la decantación debería haber resultado menos traumática, y lo que se vio en la pasada semana excedió por mucho a la figura natural de los que capturan beneficios y recambian posiciones. Se registró salida intensa, rompiendo las barreras e ignorando los porcentuales de caída en las especies. Recién para el viernes se pudo ver un freno en el ritmo de colocación de órdenes, una primera señal de que el epicentro del movimiento descendente podía haber sido superado. Sin seguridad, frente a los inteligentes planteos de una oferta que otras veces ya permitió la meseta temporal, y el rebote, para retornar después a seguir con la venta.

Fueron cumbres, primero, festivas. Fueron cumbres borrascosas después, donde la fuerza de los vientos obligó casi a perder dos centenas en el índice en poco más de una semana. De paso, otra palpable demostración de una de las leyes de oro del mercado: las alzas se construyen con cierto período de desarrollo. Pero las bajas suelen caer como una cuchilla y recortar, en algunas pocas sesiones, utilidades que llevaron muchas ruedas para forjarse. Hacía bastante que no se observaba un período tan drástico, tan veloz, como el de la semana anterior. Casi sin dar tiempo a nada, se fueron por la rejilla más de 9% del Merval y, en casos especiales, mucho más.
 
No se confíe nunca el inversor de Bolsa en nuestro medio; todo andamiaje es tan precario como frágiles las cuestiones que le proporcionan el material. Se está en el mejor de los mundos y, de pronto, se halla uno con el trasero golpeando contra el piso. Algo que en estos tiempos coincide perfectamente con una línea K que proporciona arrestos de humor, de impulsos, de señales tan encontradas como vituperar a empresas famosas en el mundo y, al unísono, sostener que se desea traer capitales del exterior. El riesgo-país no significa mucho, frente al riesgo-discurso, o al riesgo-medidas sorpresivas en toda dirección.

Cualquier Bolsa, el sistema en sí, está siempre en manos de las «variables ingobernables» -lo que las hace impredecibles-, pero, en nuestro medio, la Bolsa es simple rehén de lo inconsistente del contexto.

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