16 de marzo 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Un buen aporte para la bibliografía de nuestro ámbito bursátil, con primera aparición en 1992, acaba de ser relanzado en una segunda edición que aparece remozada y, además, ampliada. Se trata del «Diccionario bursátil y legislación del mercado de capitales», que la editorial Axis puso en circulación por estos tiempos.

La obra lleva la firma de Daniel A. Filipini, quien se desempeña como jefe de la Biblioteca de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires desde 1982 y que, frecuentemente, dispensa su capacidad docente dictando cursos relacionados con lo bursátil y, también, con aspectos de la vida empresarial. Nos complace informar al lector acerca de una obra realizada por un autor nacional, entre tanta bibliografía que -simplemente- es traducida de otros países o incorporada de distintos centros de habla hispana y que posee el perfil entero de su procedencia, alejado de las necesidades de los que precisan material para consulta que responda a la información local. Con prólogo de Mariano Gallardo, el trabajo transita por caminos que cubren lo que requiere el inversor en Bolsa, pero también lo que corresponde a sociedades, a departamentos legales, a estudios contables y al abanico que se abre relacionado con esta temática.

Más allá del útil diccionario de términos utilizados, aparecen todas las normas que rigen la oferta pública de títulos valores, las que encuadran al régimen de obligaciones negociables, también las de los fondos comunes de inversión y -finalmente- lo que hace al régimen de transparencia de la oferta pública.

Imprescindible en toda biblioteca y permanente obra de consulta, tiene más de 320 páginas. La iniciativa de relanzarla adecuada a la actualidad resulta un muy buen aporte.
 
Mientras esto sucede en la otra faceta de un mercado, la intelectual, la que está lejos de la fruición del recinto diario, en la superficie las aguas continúan bullendo y la Bolsa de marzo, buscando su nivel. Un interrogante, después de tanto hamacarse el Merval, y donde nada puede quedar delineado de modo firme, hasta que muchas ruedas ofrezcan un panorama y un esquema al que poder confiarle. Armar los movimientos lleva cierto tiempo, desarmarlos se puede realizar a veces en un par de ruedas. Y lo que queda como secuela es un gran desorden de precios relativos, de posiciones que intentan encontrar su ubicación de nuevo. La semana pasada fue una cara terrible de la tendencia; el trabajo para reencontrar la fase más benigna es lo que ahora debe hacerse presente.

Pero todo en el concierto de señales se ha puesto muy tenso, acosado desde diversos ángulos y se perdió el leitmotiv que aunaba en febrero.

Dejá tu comentario

Te puede interesar