21 de marzo 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

En la densa mezcolanza de ideología con economía, de dirigismo y de mercado, de verborragia y de hechos, de permanentes entradas en conflictos con cuanta entidad o individuos de renombre no quieran aceptar los designios del poder, nuestro mercado bursátil está como la descripción de una tortuga que realizó el ingenioso autor peruano que firmaba «Sofocleto». Le han puesto el casco, pero no le dijeron dónde está la guerra...

Para visualizar la tendencia, se debe mucho más actuar por sensaciones que por lo hecho efectivamente. Lo que puede quedar en pie, afortunadamente, es que toda coyuntura medianamente favorable denota que está presente un interés por el papel privado.

Febrero ha resultado, más allá de todo, una buena demostración de lo antedicho. Utilizando al canje como palanca, nuestra plaza fue capaz de mover sus piezas de modo rotundo. No sólo en precios, sino en volumen, lo segundo la causa genuina de lo primero. Diluido el atractivo, terminando el polémico procedimiento y dando a conocer 76% que se resignó a la coacción, prontamente se apagó la llamarada alcista en los dos indicadores. Y resurgieron aguas crecientes apagando el fuego, dentro de un presente marzo que no termina de poder encontrar una meseta confiable. Vale decir que está la intención, las filas de adherentes se pueblan velozmente, hay pertrechos esperando, pero no todos los meses se podrá hallar una idea/fuerza o bien un anzuelo/ fuerza (como prefiera) capaz de ilusionar a todos detrás de una meta, de un objetivo común.



Si puede decirse que esto le falta a la Bolsa de marzo, y a la de cada mes que transcurre flotando, y si está claro que el sistema bursátil es simple espejo de lo que sucede en las fuerzas de un país, se desprende que somos una sociedad totalmente indigente en lo que hace a esas ideas, lemas o el rótulo que se quiera colocar, capaces de reunir voluntades en pos de tales ideales. Cualquier repaso por la historia del mundo, de los pueblos, nos impondrá de esa suerte de vitalidad que parecen precisar los seres humanos para actuar en conjunto. Para nuestro uso doméstico, el «tirar todos del mismo carro» y en una dirección. Simplemente, repasando las páginas de los diarios se adivina que somos un mosaico formado por diversos sectores e instituciones, cada uno respondiendo a su propio microclima, que está en permanente confrontación con los demás, mientras la elite del poder se ubica confrontando a todos los que accedan a sus confusos mensajes. De acuerdo con lo que diga cada uno en torno a un asunto cualquiera, puede tropezarse con la idea del dirigismo o de la coacción, o bien hasta de libre mercado. Se puede ver correr con el látigo a empresarios mientras se piden inversiones.

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