Ya en los umbrales de tener que otorgar los incrementos tarifarios en «servicios», se vuelve al maquillaje -para hacerlo popularmente aceptable en año electoral- de pretender que esos veinte, treinta por ciento, de aumentos en servicios esenciales -como gas y electricidad- no habrán de tocar los gastos residenciales. Claro, irán a cargar costos de industria y grandes comercios, para retornar reciclados en forma de precios. Quien no lo acuse recibiendo una boleta, terminará por abonarlo en las góndolas de los productos, o en los estantes de una ferretería. Creer que las sociedades industriales habrán de absorber en sus costos los aumentos de tarifas es correr el riesgo de llevarse un gran chasco. Casi resulta como un inmejorable incentivo, un argumento adicional, para enlistarse con tipos de bonos que corrijan por el CER (en el caso, claro, de que uno suponga que esos bonos no serán tan fallidos como los antecedentes inmediatos). En definitiva, un nuevo círculo vicioso, donde se coloca un disfraz a lo que pueda resultar «impopular» de manera directa: pero, en aras de seguir tirando alimento al pasajero casi olvidado y que se ha vuelto a subir al carro de la economía argentina: la inflación. Los capítulos siguientes son sencillos de imaginar, comenzando por nuevas y formidables rabietas de gobernantes que sabrán que dos más dos son cuatro, pero no lo soportan. A pesar de que los factores de la suma los dibujen con puño y letra, la pretensión será que no sumen más de tres. Esto es: que aquello que cargue de modo notorio el costo de la empresas, no se traduzca en encarecimiento de productos finales. Y volverá la «caza de brujas» sobre algunos nombres, infantiles pretensiones de « boicot» alentando a la gente a que deje de consumir -por ejemplo- carne: sin recordar que todos los bienes sustitutos de la misma operarán en la misma dirección cuando se produzca el tironeo adicional de demanda. No hay que ser economista para saberlo, ni siquiera haber leído textos sobre tal fenómeno básico. Basta con tener memoria.
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Empeñados, como parecemos estar, en lo que hace a refundar leyes y mecanismos de mercado, presentando lucha inclusive a los que son inmutables y arremeter con un escudo y una lanza, todo el desaliño que se advierte en la gestión por fundar un marco «a la argentina» sigue su marcha asombrosa. Hará bien el lector e inversor en revisar a qué tipo de sociedad pertenece su acción cotizante, en qué grado de exposición a los «servicios» se encuentra. Inclusive, sin poder saber si además de suministros con fuerte aumento, se podrá hacer de ellos si el invierno es medianamente duro. Entre el no producir y el producir más caro, no es una alternativa halagüeña: pero, es lo que se les presenta en poco tiempo más a los empresarios. Dios guarde al país... Informate más
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