4 de abril 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Entre la catarata de reproches que se lanzaban, tiempos previos a que se llegara a la propuesta del canje, estaban varios párrafos dedicados a las administradoras de los Fondos Pensión: por haber tomado, sin recaudos, los bonos emitidos por el Estado argentino y que se habían convertido en papel descartable. Pero la rueda de la historia nacional tiene diámetro reducido, y es así que ahora todo está dispuesto para que nuevamente el Estado fabrique un paracaídas para bonos de vencimientos inminentes y se les adosen a las carteras institucionales, papeles de deuda emitidos por el anterior fallido emisor. Desde ya, nos imaginamos a un futuro gobernante acusando de irresponsables a las administradoras, por haber dejado que el dinero de los aportantes fuera derivado a títulos emitidos «bajo el gobierno de Kirchner». Que como aquí hay cierto consenso en negar lo del «principio soberano» de los compromisos, cada nuevo gobernante electo imagina que la historia arranca con lo suyo y no es responsable por el pasado: aunque tal pasado haya sido cubierto por gobiernos constitucionales.

Lo que llama a una sonrisa, es leer crónicas donde se menciona que Lavagna está orquestando el mecanismo para financiarse con «deuda voluntaria» (de los bancos y las AFJP) cuando, está a la vista, que el acto es precisamente a la inversa de lo voluntario.

Seguir llamando «jubilación privada» a quienes no tienen ni voz ni voto sobre su cartera de activos. Y cuyos representantes administradores tampoco la poseen, sino que solamente se conforman del listado que oficialmente se les designa como menú, es utilizar de manera desprejuiciada una calificación que nunca fue, ni será, real. Donde no existe ninguna posibilidad de seleccionar a quienes mejores activos constituyan, para defender los ahorros, ya que resultan todos parientes cercanos de una misma tabla de papeles. Y si ya pasó lo que pasó por tener la cartera repleta de títulos públicos, incumplidos, ahora se deberá recorrer un camino similar donde los aportes -el grueso de ellos- estarán respaldados por nuevos bonos de un emisor desleal. El retorcer a gusto y placer el espíritu de los convenios, o de aquello que ha sido plasmado bajo figura que después es totalmente distorsionada, seguirá siendo uno de los pilares donde se pretende hacer resurgir la credibilidad. En tanto, porque es un juego de tome y traiga donde el aportante es el tonto de la relación, cada vez en menos el neto que ingresa a la cuenta personal de cada peso que se integra a las carteras institucionales. Un dibujo de terror para pensar en jubilarse: alto recorte al peso aportado y, lo que queda, que va (en grado sumo) a nuevo papel pintado que -se dice-en alguna época se irá a pagar.

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