24 de mayo 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

«La Argentina levantará el secreto bancario y bursátil sobre operaciones financieras, cuando el Estado las sospeche por lavado de dinero...» Era el encabezado de la nota de tapa del viernes, de nuestro diario, que comenzó a la tarde por producir un rebaje medio, de 1,5%, en la actuación accionaria. Un socio de la entidad nos preguntaba por qué siempre se coloca en la mira a la Bolsa, cuando su envergadura actual se encuentra tan reducida. Sólo atinamos a responderle que lo bursátil sigue siendo una imagen del «capitalismo» y, sin importar las condiciones en que se halle, se sabe que en la gente común tal símbolo tampoco se ha perdido.

Si todavía hay muchos que suponen que allí se efectúan notables negocios y que la gente del «doble apellido» es la que frecuenta sus ruedas. Entonces, es capaz de hacer mucho ruido mediático el hecho de mencionar a bancos y a la Bolsa como supuesto escenario donde habrá de encontrarse la evasión o el lavado de dinero. Los que se encargan de armar el entramado conocen perfectamente por dónde pasan -en real dimensión- los grandes paquetes en los que se efectúan los «lavados». Sospechosas sociedades cuasi fantasma, con sedes en paraísos fiscales y que suelen aparecer detrás de fastuosos proyectos, muchos de ellos inmobiliarios, o bien, los sugestivos compradores de empresas de buen predicamento, que posteriormente se deterioran y son mal vendidas (porque el negocio ya está hecho).

Más bien, cuando a esas acciones continuadas que se vienen tomando en terreno bonaerense, también atacando a símbolos -como abrir cajas de seguridad-, aparecen como una política de acosos y amedrentación, buscando el efecto de que se produzca más recaudación sucediendo el látigo.
 
No será ni la primera ni la última vez que el sistema bursátil se vea puesto en el ojo de la tormenta con avanzadas como ésta, o con la nominatividad, o alguna otra idea « genial» que se les ocurre a funcionarios de turno. Y suelen provocar daños en quienes se ponen nerviosos o los que responden al impulso de vender «por las dudas». En esta ocasión, en el día del impacto de la novedad, solamente circuló un volumen de $ 40 millones: no más de 15 millones de dólares para una rueda (lo que demuestra el enorme poder de «lavado» que reside en lo bursátil). Pero en una época del país poblada por gente de muy escaso brillo para conducir, que llevan adelante una ignorancia entusiasta sobre temas diversos, se han fijado en la Bolsa nada más que para hacerle un mal gratuito. Ante la ausencia absoluta de incentivos, quizá pretendiendo que un mercado de capitales es enemigo del Estado, le agregaron alegremente un petardo, que sobresalta, pero no hace más que molestar.

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