El mercado local sintió el lunes un primer llamado a la mesura, a pesar de que ensayó otra disparada que lo elevó a 1.850 puntos de Merval. De confirmarse tal nueva altura, se estaría viendo un índice que desde haber salido de una perforación cercana de pisos cuando aterrizó apenas en 1.704 puntos, de fines de febrero en sólo unas ruedas muy eufóricas se ubicara en los 1.850, ciento cincuenta puntos y sin escalas intermedias. Llamativo era el modo de atravesar la frontera superior, casi sin mostrar credenciales de solidez, cuando lo habitual es que exista intensa lucha cada vez que vulnera una centena superior, un simbólico número redondo.
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Ese mismo día, las ventas aparecieron con fuerza hasta el final y para hacerlo cerrar en 1.815 puntos. Si está bien o está mal, entra en el plano de lo subjetivo y en una vana discusión con el mercado. Si se llegó a tales alturas es porque hubo compradores dispuestos a seguir pagando arriba. Si después se rompió la onda alcista, es porque existió una corriente que juzgó de exagerado el ímpetu continuado. Y la llamada provino del papel gestor, el de Tenaris, que durante el lunes se vio recortado en sus precios y bastante más esmirriado en su volumen.
Mientras esto sucedía, lo que llegaba de afuera no alentaba a devaneos, con bajas fuertes del índice de Brasil y con un Dow deambulando sin mucho sentido. Sostener el microclima había resultado tarea imposible, aunque el cúmulo de negocios no desentonaba de lo hecho en los buenos momentos. Mucho ímpetu tomador todavía, pero rebasado nítidamente por el vendedor.
¿Cómo seguiría tan apasionante rumbo de la Bolsa local? Era la pregunta que gobernaba en las mentes que se retiraban de la rueda del lunes. Suponer que habrá menos corriente desde afuera, ante el peligro de las tasas, creaba el peligro correlativo en un mercado que se quedaba sin combustible necesario, cuando estuviera volando demasiado alto. Y eso es precursor de un filtrado mucho más intenso que el observado el primer día. Será tarea profesional poder encauzar, sin que se salga de madre, un movimiento corto y explosivo que pudo suturar la caída de febrero y arreglar puntos positivos. Todo operador con los pies sobre la tierra, seguramente «firmaría» por ver una plaza que luche y consolide niveles cercanos a los 1.800, dejando de lado estiramientos riesgosos del índice. Echando una vista afuera, hay zonas de turbulencias en el costo del dinero; los mercados están con nerviosismo. Y jugar de tal modo, con un clima solitario, es exponer lo ganado a un retroceso probable. Se verá.
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