9 de marzo 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Si no se hubiera querido llegar -porfiadamente- a nueva altura y tocando los 1.850 puntos, en el intradiario del lunes, acaso la caída del martes podría haber sido más suave. Una posibilidad, entre varias otras. Pero sí quedó en pie que no se puede seguir avanzando en territorio de los «osos», pretendiendo vender sus pieles antes de cazarlos. Es una curiosidad saber quiénes, durante la rueda del lunes, se quedaron con los precios máximos en las manos, «comprados». Si fueron pocos, sólo algunos, o si existió un número mayor de operadores que pensaba que el mercado seguía yendo cuando, en realidad, ya estaba de vuelta.

Impulsos que se mezclan, aguas de mar que se comienzan a poner turbias porque penetra -según los vientos- el agua de río (como en las primeras playas de nuestra costa), pero siempre con algunos veraneantes que esperan que el viento cambie, o que ya haya pasado.

Continuar en tal primera rueda con la plaza local yendo hacia arriba podía haber resultado un hecho sumamente traumático para la siguiente sesión. Lo que surgió después de tocar ese máximo -que se podrá recuperar en otra ocasión, no viene al caso-fue un abrir de compuertas, por donde comenzaron a surgir cañones vendedores, barriendo la playa de intrépidos compradores. Y se terminó en 1.815...

 
Pero, observando el recular de Tenaris y la debilidad de mercados aledaños -como el Bovespa- se poseían dos señales claras de que el proseguir haciendo fuerza alcista en solitario demandaría carradas de órdenes tomadoras. Que el mercado no podía llegar a proveer.Y menos, de un flujo exterior que ya venía preocupando en los demás recintos, por la suba de tasas que se pronuncia.

Lo mejor del martes fue esa detención y posterior rebaje, un tanto duro en sus pisos del país -1.770- pero con una correspondiente merma en los negocios: de superar los $ 100 millones el lunes, a solamente $ 82 millones. La curiosidad es que, habiéndose contraído el segmento de acciones, igualmente conservó la participación sobre los totales generales -18%- casi en igual franja que en los días de montos mucho mayores. Indicativo de que el resto de las especies también sufrió la falta de nuevas órdenes, por iguales causas.


Finalmente aterrizando en 1.776, en segunda rueda, quedaba por enfrentar un escenario distinto, que devolvió a los más entusiastas a sus bases. Y algunos, los desaforados, recibiendo magullones por querer forjar sobre un hierro que se estaba enfriando demasiado.


Resultó otra buena ocasión para
tomar utilidades, si se advertía a tiempo que ya no se podía seguir una línea vertical hacia arriba. No todos lo hacen.

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