Interesante novedad envió Solvay Indupa a la Bolsa de Comercio, respecto de una adquisición a través de su controlada Solvay Indupa do Brasil: por medio de ésta se hizo de 99,98% del capital de Solvay Polietileno, por la suma de u$s 17 millones. Está situada en Santo André (San Pablo) y se dedica a polietileno de alta densidad. Menciona la cotizante local que de esta forma se asegura la materia prima para su política de expansión en Brasil. Y, además, libera el VCM que se exporta actualmente desde su planta de Bahía Blanca, para su transformación en PVC: aumentando la capacidad de la planta de la Argentina y reduciendo costos logísticos.
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La operación será financiada con fondos propios de Solvay Indupa y -asegura- «no afectará la política de distribución de dividendos vigentes».
Por otra parte, la empresa Edenor que no es cotizante de acciones (¿no debería serlo, de acuerdo con lo que se convino al momento de privatizarla?) anunció haber incrementado su ritmo de pérdidas: de $ 89 millones negativos en 2004, a los casi $ 150 millones en el año reciente. Entre los causales se menciona el flujo de ingresos y expone en sus números otra muestra de una realidad que emerge de los balances de las de «servicios»: ya no queda «gordura» por quemar de los números, lo que no nace de corroer músculos.
Mientras, dentro del régimen de «inflación reprimida» los números empresarios cuentan que hay varias ya casi a punto de salir del «punto de equilibrio» y los organismos siguen jugando a las escondidas con las renegociaciones. Que si no se logran en este ejercicio, en el siguiente -el de las « presidenciales»- sería una utopía suponerlos. El tan declamado « colapso» energético, que se suele anunciar desde la falta de generación suficiente, está más patentizado en balances de los que varios ingresan a la Bolsay que, de ningún modo pueden alentar inversiones de tales grupos de control.
Aquello del directivo francés de «Aguas», al describir la relación con los funcionarios locales, es lo que los que siguen aquí no se atreven a decir: «Muchas veces me hicieron arrastrar por el barro...».
La última medida anunciada contra el sector ganadero, con la ministra de Economía demostrando por qué sube la carne en el mundo, para después anunciarle al sector que nada de eso podrán percibir, fue otra clara muestra de un «dirigismo» que quiere retorcer la realidad de los mercados: cuando son los mercados y su estado de estos tiempos los que han conseguido semejantes ingresos por exportaciones. Nunca las historias de mercados forzados han tenido buen final, pero siempre aparecen gobernantes que lo vuelven a intentar, haciendo gala de un poder transitorio.
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