22 de mayo 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Interesante nota, publicada en Ambito Financiero el pasado día 16, a la que dejamos oportunamente separada en nuestra carpeta de posibles temas para la columna, y que se nos fue posponiendo por la terrible semana que se vivió y por asuntos puntuales sobre tales ruedas. Justamente, es buen momento para reflejar lo escrito por Francesco Magistra -especialista en mercados internacionales- y que lleva por título: «Hasta al inversor más preparado lo afectan las emociones». Y se inicia con referencias a un libro redactado por dos economistas y un neurocientífico foráneo, los que hicieron un relevamiento sobre inversores y sus reacciones, ante los altibajos de los mercados. Una de las conclusiones llega a la siguiente síntesis: «Hasta el inversionista más experimentado es sujeto a significantes de los mercados». Y, se agrega en la nota, en particular cuando se presenta un fuerte aumento de la volatilidad (escenario como el que se está viviendo, en general).

Si sólo se trata del «inversor experimentado», pensamos, el mal resulta mucho menos dañino que si esto se reproduce en un relevamiento sobre intermediarios, analistas profesionales y, mucho más, en administradores de carteras institucionales. Bastante de todo esto hemos creído advertir, en el enorme zafarrancho creado en los mercados (más, en el nuestro) y donde se da un perfil de tenencias que están radicadas en supuestas manos fuertes y altamente profesionales. En otras épocas, frente a derrumbes súbitos y graves, se solía apelar a echar culpas sobre «el chiquitaje» y masa inversora que penetraba, atraída por un ciclo alcista y sin poseer casi experiencia, comprando cuando ya los precios se caían de madurez.

Esas «napas» populares se han perdido en el tiempo, si faltaba algún golpe definitivo esto provino de «las terminales», la ausencia de recinto «en vivo» y un abandono de posiciones por parte de esa masa, la que ya no posee incidencia práctica en las tendencias. Y ya no está, tampoco, para tener que cargar con las culpas que le achacaban en plenitud. Siempre descreímos del tipo de operador profesional que suele mostrarse tanto o más ansioso/eufórico/nervioso que el propio cliente.

Se requiere esa «férrea disciplina», a que alude la nota mencionada en sus palabras finales, que si bien no garantiza nada -como también, bien se afirma- puede evitar cometer equivocaciones mayores que las que el propio momento de un mercado tal vez induzca. Podríamos tomar un paralelo con el fútbol, donde se que el mayor problema es « tener precisión en velocidad». El juego de mercados, en alta tensión, exige resolver bajo presión y a gran velocidad. Es donde aflora la calidad operativa, la disciplina y los conceptos claros. (Virtudes que no sabemos si sobran).

Dejá tu comentario

Te puede interesar