Esta Argentina que tan pomposamente exhiben sus cuentas y sus repuntes, ha vuelto a darse un baño de realidad:,. Y lo que se piensa que es gran solidez -discurso local- ve temblar sus bases, refrescando que son economías endebles, inestables, expuestas a todo peligro que asome.
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Una de las viejas sentencias que no fueron pensadas para los mercados, pero que son capaces de definir momentos como los que se viven, refrescamos ahora.
En el mundo del boxeo se solía decir: «Todos los pugilistas tienen un plan de pelea, hasta que los noquean...».
Y cabe preguntarse cuántos «noqueados» han quedado tendidos a lo largo de los recintos del mundo, en varias clases de activos, por no reconocer que el escenario cambiaba velozmente y seguían aferrados a sus «planes», que si servían para un estado de cosas, se derrumbarían al virar las condiciones. Con todo respeto, que nunca hay que dejarlo de lado, nos siguen produciendo urticarias los que muy sueltos de cuerpo aventuran que una tasa de crecimiento va a ser de tanto por ciento, a lo largo de «equis» años. O que la inflación resultará de preciso índice en 2006 y que para 2007... «bla, bla, bla». Ya hemos visto, en días pasados, cómo asomaron las primeras correcciones al crecimiento argentino que se daba como un hecho para este 2006. Y siempre corrigiendo detrás de los acontecimientos que ya todos conocen. Baste recordar aquellos «bloopers» de muchas personalidades nacionales, que hasta muy poco tiempo antes de la devaluación seguían sosteniendo: «La convertibilidad es eterna». O bien, «la convertibilidad no se discute». Quedó en la historia grande de los mercados el nombre de Irving Fisher, muy reputado economista de inicios de siglo XX, inmolando su prestigio por haber despreciado lo que fue nada menos que el arranque de la llamada «Gran Crisis»: aseverando que era sólo una «corrección de crecimiento». La historia se quedó con ese emblema, pero cada vez que existe un sacudimiento de cierta importancia -aunque no llegue a ser una crisis grande- cuántos análisis, pronósticos, proyecciones audaces ruedan sin remedio, aunque sus autores conserven su cabeza (y sus trabajos).
Esta Argentina, así como Brasil, que tan pomposamente exhiben sus cuentas y sus repuntes, ha vuelto a darse un baño de realidad: cuando en el Norte realizan un retoque de tasas, los capitales se van apiñando en una dirección. Y lo que se piensa que es gran solidez -discurso local- ve temblar sus bases, refrescando que son economías endebles, inestables, expuestas a todo peligro que asome. Y es cuando la arrogancia se vuelve preocupación. Y los pronósticos se hacen más «light».
En sólo algunas semanas, nuestra Bolsa líder de rendimientos tuvo que ver cómo le llevaban aquello que tuvo que construir en cuatro meses. Y sólo se trató de un principal causal radicado en la Fed aumentando tasas y la onda expansiva que arribó. Varios «noqueados», todavía preguntando de dónde vino el golpe.
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