De inflación embotellada, que parece no ser suficiente para cierto personaje que se hizo fama de «pesado», ya estamos por pasar a otro segmento: el de inflación manoseada. Y todo lo que se ha ventilado acerca de la gente del INDEC y quienes les están cascoteando el rancho -con la ministra de Economía puesta en medio- solamente es posible verse -como en una película- en un medio tan deschavetado como el que vivimos.
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Tras la salida de los índices de mayo, dando cuenta de esa inflación en bajante y con canasta familiar en retroceder virtual de 1,5%, surgieron declaraciones de organizaciones que siguen el tema desde cerca. Y dejando en evidencia que los productos que se involucran como para obtener un saldo «ponderado» resultan hasta desopilantes. Tanto como imaginar que en meses de invierno se computará dentro de la canasta a los «bronceadores» o a la «altura blanca» o bien el costo del «papel picado» (que sube en carnaval). Y que al llegar el verano se incluyan « sobretodos», «guantes de lana» o « estufas». Lamentablemente, para quienes creen que intentar falsear la realidad es un bien fácilmente manejable, el simple medidor que nosotros mismos adoptamos: el de «la velocidad de aniquilación de un billete de cien pesos» -el que utiliza el ama de casa- es el fatal verdugo de toda estratagema sobre números que quieran contener los deseos oficiales. Hay toda una gran madeja con lo inflacionario, además de incidir sobre el ánimo de la gente, los reclamos salariales y otras yerbas. Y son esos bonos, que ellos mismos reinventaron (cuando dormían en la santa paz, bajo el rótulo de VANAS) y denominaron CER. Lo costosos que ya han resultado, lo que podrán resultar hasta su extinción, el enorme paso equivocado que se dio con tal tipo de índice de indexación. Se ve que desde alguna zona de poder habrá salido la orden de: «Algo hay que hacer». Y siempre surge algún inspirado diciendo: «Dejámelo a mí...».
Alguna vez se deberá explicar, para todo público, cómo se efectúan los relevamientos. De qué modo se chequean ochenta mil comercios mensuales, a qué tipo de productos se involucra y tomados sus precios de qué tipo de boca de expendio. Los que no lo sabemos, 99% de la población, sólo queremos -modestamente- poder saberlo. Y, de paso, por qué hay tanta prisa y agresividad para coparle al instituto tradicional la realización del índice. Cuanto menos, es sospechoso. Al incorporarle las rencillas y los dichos que van y vienen, se convierte en otro sainete de la época. Con los controles, con el embotellar inflación, parecía que se terminaban las acciones, pero no, siempre hay algo más para eliminar lo que parece molesto a las ansias oficiales. Y hacen.
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