3 de julio 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Quizás una explicación simple, acerca de lo que se ha denominado ya como una cuasi «burbuja» inmobiliaria, parta de aquello mismo que apareció en la tapa de Ambito del miércoles. El título decía: «Gente pierde mucha plata en el mundo», esto por lo que viene sucediendo en todos los mercados por conocidas causales. Pero rezaba la bajada del titular: «Lo mejor para los ahorristas hoy en la Argentina es el plazo fijo». Y aclarando, «con 9% estará peor que la inflación, que iría arriba de 10%, pero para fin de año con los pesos se podrán comprar más dólares...». Sueña a una fórmula extravagante, saber que el plazo fijo es una condena a perder en términos reales, pero tratar de zanjar eso con la compra de dólares. Y es así. A tal punto se debe recorrer el espinel para no encontrar nichos potables a los que poseen un cierto capital para invertir. Entonces, es muy probable que la gente habilitada se sume a la ola de los inmuebles y suponiendo que tendrá la doble chance: o bien de esperar una ganancia de mercado -revendiendo, si suben- o cubrirse con la simple renta, alquilando la unidad. Suena también a increíble que un activo que no es de «fácil liquidez», como los inmuebles, haya pasado a ser figura sumamente apetecible: hasta para los que siempre rehuyeron a quedar «pegados», ante esa falta de movimiento inmediato del capital. Claro que en esto hay que tener el debido cuidado. No importa el tipo de inversión que se realice: siempre hay que tener en cuenta el valor del bien, antes que juzgar sólo por el precio. Un principio que es regla de oro en lo bursátil, pero que encaja de modo perfecto en lo que hemos mencionado hoy: los inmuebles. Entrar en un «boom» -donde la excesiva demanda potencia una trepada de precios- y dejar de lado cuánto debe ser una valuación razonable puede conducir a los disgustos futuros. Que vendrán cuando se descomprima la presión y se abran otros frentes de inversión, o de colocación, que sean tentadores. Entonces, la llegada de un exceso de oferta detonará el mecanismo inverso: y lo que abunda... se abarata.


Este fenómeno de mercados financieros y bursátiles atacados de miedos e incertidumbres, que primero potenciaron al oro y después de lo inmobiliario (en Estados Unidos viven algo similar) tiene que ser solamente eso: un fenómeno. Que podrá durar lo que obliguen las circunstancias, pero que después vuelve a ver cómo se reacomodan en orden las cuestiones. No hay puertitas de entrada en el escenario actual, la prueba más testimonial es aquella que nuestro diario daba en la fórmula mencionada al inicio, tan inusual, atípica, extraña de ver repetida.

Pero acaso sea momento de analizar en lo que está «abaratándose», en vez de sumarse a la ola del revalúo espontáneo. También en lo inmobiliario corre lo de: «Los árboles no crecen hasta el cielo».

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