«El enemigo de mi enemigo es mi amigo», un principio que solemos comprobar tanto a niveles de altos poderes cuanto en nuestra vida diaria. Es una buena descripción de esa suerte de carácter «transitorio», por medio del cual se pueden armar simpatías y hasta asociaciones solamente por poseer un enemigo en común.
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Cierto, pero esto exige colocar la versión a la inversa y ver qué sucede; quedaría así: «El amigo de mi enemigo es mi enemigo», lo cual no parece hacer agua por ninguna parte y cierra perfectamente, con el modo de razonar al derecho. Pues bien, quizás por conducto de relaciones tan bien y sintéticamente expresadas, podemos llegar a interpretar esa que fue -para la mayoría- sorpresiva medida del gobierno de Bush, sobre ciertos gobiernos regionales. Hecho al que, por supuesto, saliole al cruce nuestro Presidente en la tarde misma, haciendo uso de su clásico «replay» histórico y exponiendo cómo nos había ido en la década del 90, etc...
Podría agregarse otra fórmula sencilla, también ubicable en estos desagradables asuntos aparecidos: «A cada acción le corresponde una reacción». No importa tanto delimitar territorios donde funciona, o si está bien o está mal, sino que es comprobable también a diario en nuestra vida doméstica. Entonces, repasar ciertas acciones llevadas adelante desde el punto de vista de nuestra política exterior, como de dichos y personajes que han tomado al país como foro periódico para lanzar sus agresiones dialécticas, nos llevaría a convenir en que existe una acción que va «in crescendo», a lo que le correspondía una reacción. Cada parte dirá lo suyo y defenderá su posición, pero que la acción trajo consigo la reacción está a la vista. Y no corresponde demasiado darse por sorprendidos, o preguntar por quién doblaron las campanas en la reacción del Norte.
Como gobierno, en la situación actual, sintiéndose fuerte, políticamente guarnecido, mostrándose como víctima del «imperio», posiblemente le haya caído en gracia el desempeñar tal papel. Ahora se verá en qué medida puede ir dañando a la rama industrial exportadora, donde varias de las sociedades tienen que ver con lo bursátil.Y otras podrían tener que ver en el futuro, si es que tales restricciones se amplían ante una actitud local que -seguramente- reaccionará con nuevas ofensivas frente a lo que considera injusto. Y si algo le faltaba a un mercado accionario que viene penando, y penando más que los referentes, es que se agreguen los riesgos de tener la puerta obturada en la principal economía del mundo, más sus aliados. Que la quietud de las tasas Bernanke no era el único «demonio» que nos acechaba, se vio el martes. Y acumulamos más contras que estímulos, según parece.